<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-7363439391195945660</id><updated>2011-09-30T01:55:22.219-07:00</updated><category term='Relato fantástico'/><category term='Intriga'/><category term='Drama'/><title type='text'>Los Megarelatos de Anhermart</title><subtitle type='html'>Un lugar donde leer historias inéditas en relato largo..</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://relatosdeandres.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7363439391195945660/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://relatosdeandres.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Anhermart</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06192182634750852465</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/-ouYmkXyBSgs/TiPqQ8GL-TI/AAAAAAAAC6Y/Aw9dDw05dN4/s220/rut%25C3%25A9s-2.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>3</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7363439391195945660.post-2558754914024688630</id><published>2009-08-14T08:20:00.000-07:00</published><updated>2009-08-14T09:02:09.930-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Drama'/><title type='text'>Vuelvo en un instante</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_R0N_G_LfcZo/SoWKVAEvE5I/AAAAAAAAAb0/jq0NozbArxI/s1600-h/esposas.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 236px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_R0N_G_LfcZo/SoWKVAEvE5I/AAAAAAAAAb0/jq0NozbArxI/s320/esposas.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5369850224110932882" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Dejó a un lado el suplemento del diario con desprecio después de haber leído el relato corto firmado por un habitual del mundillo de la prensa rosa.&lt;br /&gt;“¡Menudo bodrio!, ¿cómo se le ocurrirán estas tonterías a la gente? Aunque, ¿qué se puede esperar de un fantasma como éste, que sale en programas de TV. dedicados al cotilleo sobre famosos?”&lt;br /&gt;El joven estaba solo en casa disfrutando de las vacaciones veraniegas, no tenía ningún plan para viajar por lo que estaba bastante aburrido. Sus padres llevaban una semana fuera, estaban en Tenerife recordando el viaje que veinticinco años atrás hicieran con motivo de su enlace matrimonial.&lt;br /&gt;Su escaso presupuesto no le permitió marcharse con el grupo de amigos habituales. “Tendría que haberme cambiado de coche después de las vacaciones” —reflexionó.&lt;br /&gt;Ese año fueron a Ibiza. Se los imaginó a todos ellos corriéndose unas juergas descomunales en discotecas y bares de Santa Eulalia, San Antonio o cualquiera sabe donde. Tuvo un amago de envidia al recrear en su mente escenas de lo que supuestamente estarían disfrutando: chicas, playas, chicas, fiestas… ¡y chicas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trató de no amargarse por eso y decidió que, a su manera, lo pasaría lo mejor posible en los días que iba a estar solo en la ciudad, confiaba bastante en su atractivo físico y en la forma en que normalmente se defendía en el asunto de faldas. Estaba seguro que no le faltarían ocasiones para alternar con el sexo opuesto.&lt;br /&gt;Salió de casa con intención de comer fuera, era un negado para la cocina por lo que recordó un restaurante donde en ocasiones se reunía con sus amigos con motivo de alguna celebración. Y sin motivo también.&lt;br /&gt;Tardó aproximadamente un cuarto de hora en llegar hasta el centro de la ciudad. Le apeteció -cosa inusual en él- ir andando hasta el restaurante. Tal vez el cuerpo le estaba demandando algo de ejercicio físico, cosa que no practicaba nunca excepto cuando iba a alguna discoteca a mover el esqueleto.&lt;br /&gt;“Un joven al que le roba su juventud un viejo, ¡menuda gilipollez!”El recuerdo del relato apareció fugazmente en su cabeza mientras caminaba por la amplia avenida donde, cerca ya, estaba el establecimiento al que se dirigía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sonido estridente de la sirena de una ambulancia le hizo olvidar de nuevo lo leído.&lt;br /&gt;A pocos metros estaba el restaurante. Cuando llegó no se dirigió a ninguna mesa, prefería acomodarse en un taburete junto a la barra y tomar un Martíni mientras que echaba un vistazo. No quería precipitarse, se tomaría algún tiempo para asegurarse de quien tendría por vecino de mesa. Su objetivo era alguna mujer atractiva. Si la había en el local, la estrategia a seguir era hacerse ver por ella y luego valorar el grado de aceptación alcanzado antes de comenzar el ataque. Si ella era receptiva, iniciaría sin mucho reparo el ritual del cortejo.&lt;br /&gt;Las mujeres eran su debilidad, especialmente las más atractivas. Era un hombre con suerte que nunca se sentía intimidado por la belleza femenina, al contrario, le estimulaba más aún, lo tomaba como un reto que ponía a prueba sus dotes de seductor.&lt;br /&gt;Al revés de la mayoría de sus colegas, estos se echaban atrás en función del grado de hermosura de la chica, se cortaban creyendo no estar a la altura suficiente. Recelaban de sus posibilidades, les faltaba la seguridad en ellos mismos, que él en cambio tenía de sobras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No fue muy larga la espera, apareció por la puerta de entrada al local una mujer. Supo que era “ella”. La joven se dirigió sin más preámbulo a una de las mesas vacías.&lt;br /&gt;No esperó que el encargado o el camarero le recibieran para acompañarla a su asiento.&lt;br /&gt;La observó detenidamente, sobretodo cuando, al rebasar su posición, caminaba de espaldas a él. Un cuerpo espléndido; morena con el cabello largo, curvas armoniosas justamente situadas en los lugares correctos. Feminidad exuberante surgiendo por cada poro de la piel.&lt;br /&gt;“Objetivo localizado” —pensó maliciosamente.&lt;br /&gt;No tenía prisa, por lo que se dedicó a apurar lo que le quedaba en el vaso dando la espalda a la presa. Ella se acomodó, colocó el bolso en la silla vacía de al lado y esperó al empleado que ya se dirigía hacia ella para atenderle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tomó un diario que había en la barra, a su lado, y pidió otro Martini. Dejaría pasar unos minutos estratégicamente calculados para que no se notara demasiado que estaba ganando tiempo hasta conseguir una “buena pieza” como vecina de mesa. Tampoco era necesario ser tan descarado e impaciente. Sus amigos solían reprocharle en ocasiones que era excesivamente directo, nada diplomático, a lo que él les contestaba: “¿Pero da resultado mi sistema, o no? Los otros no tenían más remedio que asentir ante la evidencia de sus hechos. Ahora recordaba todo eso y se sentía compensado, aunque no pudiera estar con ellos pasándolo de “muerte”…no le iba tan mal.&lt;br /&gt;Al abrir una de las páginas del diario apareció de nuevo el suplemento de antes, en su casa. Distraídamente lo empezó a ojear. Lo dejó abierto sobre el mostrador mientras rebuscaba en los bolsillos del pantalón el paquete de tabaco y el mechero. Encendió un cigarrillo y aspiró el humo. Luego, con la misma mano con la que fumaba, trató de sujetar el vaso para dar un trago. La maniobra de mantener dos cosas a la misma vez no fue muy afortunada, por lo que terminó por volcar el vaso desparramando su contenido rojizo por las páginas del pequeño fascículo que contenía el relato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El camarero acudió solicito bayeta en mano para reparar el estropicio. El, instintivamente, giró sobre si mismo buscando con la mirada a la joven recién llegada. Tenía la esperanza de que estuviera distraída y no hubiera observado su torpeza. No tuvo suerte, o si, estaba mirando en su dirección y lo vio todo. Lo obsequió con una sonrisa y un gesto de disculpa por estar atenta en el preciso momento en que se ponía en evidencia por su poca habilidad manual.&lt;br /&gt;Él, descubierto, optó por corresponderle sonriendo a la vez que le guiñaba un ojo. La joven bajó la cabeza manteniendo cierta complicidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El camarero le puso otro vaso con lo mismo, como suelen hacer en estos casos, gratis. No lo rechazó, le apetecía darse un trago largo. El diario estaba empapado y sobre las hojas que quedaron abiertas permanecían los restos del Martini dando la impresión de que se tratara de sangre. Le llamó la atención una frase que milagrosamente permanecía a salvo, como si fuera una isla en mitad de aquel fluido rojizo que prácticamente lo inundaba todo: “Elige bien, como yo he hecho.”&lt;br /&gt;“Acabo de hacerlo —respondió al escrito mentalmente—, y creo que he acertado”.&lt;br /&gt;Se puso en pie, pidió la cuenta y luego se acomodó en la mesa de al lado de su futura amiga.&lt;br /&gt;El resto vino rodado. Durante la comida de ambos hubieron algunas miradas hasta que comenzó el dialogo, inevitable, ya que tanto uno como el otro lo deseaba. Casualmente había encontrado la horma de su zapato. Ella, como él, estaba sola en la ciudad y necesitaba compañía. Se cumplía en los dos el viejo dicho de “el cazador cazado” o “tal para cual”.&lt;br /&gt;Después de los postres él la invitó a tomar un café. Ella, a que se sentara en su mesa.&lt;br /&gt;Después de pocos minutos de charla pagaron y se marcharon en el vehículo de la joven, camino de su apartamento.&lt;br /&gt;Buen comienzo de las vacaciones. Seguro que a sus amigos en Ibiza no les iba mejor que a él. Un consuelo.&lt;br /&gt;Durante el trayecto se presentaron: Iker, Laura. ¡Encantados!&lt;br /&gt;Al salir del coche se dieron la mano y de esa manera entraron en el edificio. La química comenzó a hacer su trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No podían contenerse, la mano de él se movía lentamente por debajo de la falda de ella explorándole las nalgas. Laura hacía exactamente lo mismo a él por encima del pantalón. Subían en el ascensor acompañados de un matrimonio de avanzada edad que vivía un piso por debajo. Coincidieron en el vestíbulo de la planta baja del edificio esperando el ascensor para subir a sus respectivos apartamentos. Los ancianos no decían nada pero sabían lo que la parejita se traía entre “manos”. Notaban los gemidos ahogados que se quedaban a medio camino convirtiéndose en una especie de contracción o espasmo. No por viejos eran tontos y palpaban que allí había sexo puro y duro, que era inevitable lo que se “avecinaba”. Bajaron un piso antes que la pareja, sin decir nada. No miraron atrás, no querían ver más. La puerta se cerró tras ellos llevándoselos de una vez, “¡Al fin!”, respiraron aliviados dando rienda suelta a continuación a sus deseos carnales. Justo en el primer beso se abrió de nuevo la puerta del ascensor invitándoles a desalojar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Laura intentaba abrir su bolso para sacar la llave de la puerta pero Iker, aferrado con las dos manos a sus pechos, no facilitaba precisamente la labor. Ella culeaba en una especie de doble juego, por un lado para ganar tiempo ante el asedio del joven y por otro con la malsana intención de ponerlo aún mas cachondo. Iker no perdía el tiempo; suavemente iba dándole empujones por detrás con un ritmo de pelvis que la estaba poniendo bastante alterada. Luego apartó las manos de los tibios pechos dejando que  resbalaran hacia abajo hasta llegar a juntarse en los muslos formando una uve, o un ángulo; el vértice del cual se introdujo entre ellos hasta topar con la frágil barrera que representan unas diminutas bragas. En ese instante se le escapó un suspiro que la estremeció, giró la cabeza para mirar a su “agresor”, buscando la boca de él con la suya. Se juntaron los labios, ansiosos por encontrarse al fin, con el calor acumulado en ellos, producto de la excitación de más abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaban saboreando el apasionado beso cuando, ante el acierto de las manipulaciones en la cerradura, la puerta se abrió de pronto incitando a la pareja a culminar en lugar más cómodo lo que ya era imparable.&lt;br /&gt;Una vez dentro del confortable apartamento, sin soltarse uno del otro, cerraron la puerta de una patada.&lt;br /&gt;Laura, resbalando por el cuerpo de él cayó de rodillas en la moqueta. La boca entreabierta de deseo y la mirada invitando a perder la cabeza. Iker hizo lo mismo, imitando su postura.&lt;br /&gt;La hembra, siguiendo el juego del cortejo, se dejó caer aún más hasta apoyar las manos. Como una gata, con la misma suavidad felina, comenzó a andar el camino hacia la cama, que a pocos metros de ellos sugería más acción. El macho la imitó siguiéndola con intención de darle alcance antes de llegar al nido. Acercó la cabeza introduciéndola por debajo de la falda hasta rozar con la nariz su hermoso trasero. Por un momento ella detuvo la marcha para soltar un gemido, estaba lo suficientemente excitada como para que el juego no se alargara demasiado.&lt;br /&gt;Insistió el perseguidor hasta rozar con los dientes la goma de la cinturilla de las bragas. De una certera dentellada sujetó firmemente la prenda, lo que hizo que la joven se detuviera un instante, a continuación reanudó la marcha. Iker no estaba dispuesto a soltar la codiciada presa, ella tiró con más fuerza hasta que la diminuta prenda se fue deslizando por la cadera, muslos, rodillas…&lt;br /&gt;Después de una sacudida con la cabeza, con el intento de quitar el obstáculo, éste quedó colgando de las mandíbulas del macho como si de un trofeo de incalculable valor se tratara para su ego masculino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella estaba vencida, aunque no le importaba ya que la victoria de Iker era también la suya propia. El depredador estaba en un estado óptimo para el ataque final, su compañera no opondría resistencia alguna. El deseo de ser poseída le atenazaba la garganta, se ahogaba de lujuria con solo pensar que el golpe de gracia era inminente.&lt;br /&gt;Por fin detuvo la carrera, delante tenía la cómoda cama donde se llevaría a cabo el ritual. Trepó hasta ella y luego se dejó caer hacia atrás quedando boca arriba, los pechos vibraban al compás del ritmo cardíaco y este al unísono con la respiración, que se escuchaba en todo el apartamento. Entonces abrió lentamente las piernas mirando desafiante al semental, que respondía satisfactoriamente a su llamada.&lt;br /&gt;Él, durante la persecución, solo pudo quitarse la camisa por lo que el torso desnudo fue lo primero que la gata en celo saboreó con la mirada, ávida de explorarlo con su lengua. Sin embargo lo que más codiciaba estaba más abajo; oculto todavía por los pantalones .Al primer vistazo de reconocimiento supo que el juego había dado el resultado que buscaba, lo tenía excitado en el punto exacto que a ella más le convenía, el necesario para una buena faena. Comprobó entusiasmada lo abultado del pantalón entre las piernas de Iker y repasó sus propios labios con la punta de la lengua, relamiéndose de antemano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo estaba a punto, ya solo faltaba el detalle final; clavar la última piqueta como el escalador hace al conquistar la cima de una montaña para dejar constancia de su paso por la cumbre. Se dispuso a bajarse la cremallera de la bragueta del pantalón, cuando Laura le interrumpió:&lt;br /&gt;—El chubasquero.&lt;br /&gt;—¿Qué…?&lt;br /&gt;—El condón, sin precaución no hacemos nada, ¡anda, póntelo rápido que no aguanto más!&lt;br /&gt;—Déjalo, es igual, a pelo. No te preocupes que tendré cuidado.&lt;br /&gt;—Sin goma no hacemos nada, si no tienes ninguna mira en la mesita de noche.&lt;br /&gt;—Está bien, me pongo lo que tu quieras, ¿en que mesita?&lt;br /&gt;—A mi derecha, venga date prisa que te quiero dentro de mi, ya.&lt;br /&gt;—Me has excitado como un animal, está a punto de reventar —se puso la mano en el bulto del pantalón apretándose con fuerza. Ella bajó la mirada para comprobar con deleite la certeza de sus palabras. Aquello prometía.&lt;br /&gt;—Aquí no hay nada de “eso”—dijo Iker alarmado.&lt;br /&gt;—Mira en la otra, tiene que haber.&lt;br /&gt;Se dirigió a la otra mesita de noche rodeando la cama y seguido de la avariciosa mirada de Laura que recorría todo su cuerpo deleitándose y sabiendo que en breves momentos sería todo suyo.&lt;br /&gt;—¡Vaya! ¿Qué tenemos aquí? —alzó el brazo mostrando unas esposas metálicas de las que usa cualquier cuerpo de policía.&lt;br /&gt;—Deja eso ahora, ven aquí y viólame entera —le ordenó.&lt;br /&gt;—¿Te gusta jugar fuerte, eh? —mientras decía esto le estaba colocando en su mano izquierda una de las esposas, sujetando el otro extremo a uno de los barrotes de la cabecera de la cama.&lt;br /&gt;—No es necesario que me sujetes —dijo ella sin molestarle demasiado el juego—, ¿no ves como estoy? No opondré resistencia, coge eso de una vez, ¡por favor! —Ella sabía que ese tono de súplica y sumisión complacía al macho.&lt;br /&gt;—Espera, que falta la otra —.Saltó por encima de la cama hasta el lado contrario para completar el trabajo, colocándole el otro juego de esposas.&lt;br /&gt;—Ya me tienes segura, ahora cumple como un maldito macho de una vez.&lt;br /&gt;—Aquí hay dos cajas de preservativos, espero que no estén caducados —introdujo su mano en el cajón de la mesita y comprobó irritado que estaban completamente vacías. Las dejó caer al suelo y preguntó: ¿Y ahora qué?&lt;br /&gt;—¿Qué pasa? — dijo Laura sospechando la respuesta.&lt;br /&gt;—No queda ni uno.&lt;br /&gt;—No puede ser, la semana pasada compré un par de cajas, mira bien por ahí.&lt;br /&gt;—Aquí no hay nada. Es igual, lo hacemos al natural, no te preocupes que tendré cuidado.&lt;br /&gt;—Mira bien, tienen que quedar…&lt;br /&gt;—Tú sabrás lo que has hecho en esa semana, pero aquí no hay ni una puta goma, te lo aseguro.&lt;br /&gt;—¡Joder!, no vas a tener mas remedio que bajar a la farmacia.&lt;br /&gt;—¿Estás loca, como voy a irme ahora de aquí y dejarte así de cachonda como te tengo…? Venga, no seas desconfiada y vamos al asunto que me muero de ganas de estar contigo.&lt;br /&gt;—A mi me ocurre lo mismo, pero te advierto que si no lo hacemos con condón no hacemos nada.&lt;br /&gt;—¿Será posible que me pase a mi esto? ¿Pero cómo quieres que baje a la calle en este estado? —se señaló al bulto del pantalón—, tendré que taparme con algo.&lt;br /&gt;—Va cariño, no seas borde que es un momento, luego podremos jugar todo lo que queramos, ¿de acuerdo? Venga, ve, te espero aquí sin moverme.&lt;br /&gt;—En fin, si me lo pides de esa forma…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era un fastidio tener que abandonar a aquella preciosidad en el momento mas caliente del juego, pero al parecer no había otra opción, Laura estaba firmemente decidida a no seguir adelante sin tomar las debidas precauciones, por lo que mejor sería contentarla por si la cosa se estropeaba y no llegaba a concluir lo que tan bien comenzó. No siempre se tiene la oportunidad de llevarse a la cama a una hembra como aquella. Así que, resignado, recogió la camisa y se la puso dejando los faldones por fuera del pantalón a fin de disimular la erección de su miembro que parecía no estar dispuesta a ceder. Retiró la llave del bombín de la puerta de la parte interior y dio un vistazo a la escena que dejaba a sus espaldas.&lt;br /&gt;La mujer permanecía encadenada a la cama con las esposas, las piernas seguían impúdicamente abiertas, a la espera. Él sintió una especie de desasosiego al pensar que ella quedaba en una situación absurda, mezcla entre patética y extremadamente excitante. Le dedicó una sonrisa al tiempo que ella convulsionando el cuerpo le urgía: “¡vamos!”. Al movimiento de su cuerpo la cama comenzó a bambolearse formando ondas, era una de esas sofisticadas camas de agua que tanto gustan a los amantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Iba a salir ya cuando pensó algo que le hizo retroceder. Junto a la puerta había varias cajas de cartón de las que se usan en las mudanzas, sobre una de ellas un carrete de cinta adhesiva de unos cuatro dedos de ancha. La cogió y cortó un pedazo de un palmo aproximadamente. Luego volvió sobre sus pasos y al llegar hasta ella dijo: “a mi también me gusta jugar, te quiero sumisa y callada”.&lt;br /&gt;—¡No, Mm.…!&lt;br /&gt;No pudo decir nada más, la boca estaba sellada por la cinta adhesiva que le llegaba de oreja a oreja.&lt;br /&gt;—Tranquila, es solo un juego, luego te lo explico. Vuelvo en un instante.&lt;br /&gt;Laura comenzó a patalear y a dar cabezadas como queriéndose liberar, pero Iker ya estaba en el exterior del apartamento echando la llave por fuera.&lt;br /&gt;Se acercó hasta el ascensor, que aún permanecía en esa planta, y se introdujo en él. Luego accionó el botón de Bajos y comenzó el descenso.&lt;br /&gt;En pocos segundos franqueaba la puerta del edificio saliendo al exterior. Miró hacia el otro lado de la calle comprobando que, efectivamente, la farmacia estaba allí y además abierta al público. Sería cosa de un minuto llegar, comprar lo que necesitaba y subir en el ascensor para encontrarse de nuevo con ella. Sentía unas ganas locas de poseerla, tenerla en sus brazos, tocar su excitante cuerpo…y penetrar dentro de ella hasta quedar saciado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya estaba pisando la calzada, un autobús que permanecía estacionado recogiendo pasajeros se encontraba a su izquierda dificultándole la visibilidad. En ese momento lo único que ocupaba su atención era el establecimiento que tenía enfrente, donde podía adquirir lo que buscaba. Rebasó la parte delantera del autobús sin tomar ninguna precaución, distraído. Un automóvil se encontró con él en el preciso momento en que asomaba la cabeza. No hubo tiempo de rectificar, recibió un tremendo impacto que lo proyectó a más de quince metros de distancia golpeándose de nuevo en la cabeza al chocar contra la calzada. Estaba muerto.&lt;br /&gt;Más allá, en un paso cebra, la llave del apartamento de la muchacha permanecía como un objeto perdido sin identificación alguna que la pudiera relacionar con su propietaria.&lt;br /&gt;Iker, rodeado de transeúntes, yacía boca arriba sobre un charco de sangre. Se habían conocido aquel mismo día en un restaurante al que ella fue por primera vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La fatalidad hizo que lo que había comenzado como un inocente juego amoroso se convirtiera en tragedia. La muchacha hacía una semana que se había cambiado de apartamento y nadie de sus conocidos sabía aún el nuevo domicilio, por lo que si alguien la encontró a faltar le fue imposible contactar con ella. Quedó sola en la cama, atada y amordazada, esperando a su amante que nunca más volvió. De nada le valió el forcejeo ni el esfuerzo desesperado por librarse de las ataduras, nadie acudió en su ayuda porque nadie escuchó sus contorsiones sobre el colchón de agua. Aterrorizada por la impotencia de saber que no vendrían a socorrerla, desnutrida por la falta de alimento, después de una lenta agonía que se prolongó durante dos largas semanas, falleció de la forma más triste y solitaria.&lt;br /&gt;Tres semanas después el portero de la finca alertado por los vecinos de la misma planta donde se encontraba la victima, debido al mal olor que parecía salir del apartamento, avisó a la policía. Cuando forzaron la puerta encontraron el terrible espectáculo. La hermosa joven estaba en avanzado estado de descomposición. Por las apariencias todo indicaba que se trataba de un crimen perpetrado por un sádico. Esposada, amordazada y encerrada por fuera con llave no hacía suponer otra cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;FIN&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7363439391195945660-2558754914024688630?l=relatosdeandres.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://relatosdeandres.blogspot.com/feeds/2558754914024688630/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://relatosdeandres.blogspot.com/2009/08/vuelvo-en-un-instante.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7363439391195945660/posts/default/2558754914024688630'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7363439391195945660/posts/default/2558754914024688630'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://relatosdeandres.blogspot.com/2009/08/vuelvo-en-un-instante.html' title='Vuelvo en un instante'/><author><name>Anhermart</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06192182634750852465</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/-ouYmkXyBSgs/TiPqQ8GL-TI/AAAAAAAAC6Y/Aw9dDw05dN4/s220/rut%25C3%25A9s-2.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_R0N_G_LfcZo/SoWKVAEvE5I/AAAAAAAAAb0/jq0NozbArxI/s72-c/esposas.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7363439391195945660.post-8650741025699629701</id><published>2009-08-13T10:44:00.000-07:00</published><updated>2009-08-14T08:04:59.234-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Intriga'/><title type='text'>La encrucijada de Pavel</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_R0N_G_LfcZo/SoV80oGyC5I/AAAAAAAAAbs/PI0eYTvBx1E/s1600-h/tren+ruso.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_R0N_G_LfcZo/SoV80oGyC5I/AAAAAAAAAbs/PI0eYTvBx1E/s320/tren+ruso.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5369835374270090130" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ORIGEN DE LA HISTORIA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Chechenia ha sufrido durante siglos la represión de Rusia debido a su afán de independentismo, hasta el punto que en 1944, en plena Guerra Mundial, Stalin acusó a los chechenios de colaboración con los Nazis, por lo que ordenó su deportación hacia Asia Central y Siberia. Decenas de miles de chechenios fueron expulsados, dándose la circunstancia de que el cincuenta por ciento de ellos, mujeres y niños incluidos, murieron en el camino afectados por el Tifus; virus propagado por el piojo o la pulga.&lt;br /&gt;Esta historia se desarrolla a partir de ese hecho.&lt;br /&gt;Jamila es una mujer que, hastiada del trato que la súper potencia da a su pueblo, decide abortar la última crueldad que las cabezas pensantes del Kremlin han ideado para la limpieza étnica de los chechenios, que tantos problemas causan con su rebeldía, sobre todo a raíz de la última guerra que sostuvieron en 1994-96.&lt;br /&gt;La mujer es musulmana, su ex esposo es de origen ruso, lo que a la larga desemboca en una relación insostenible y motiva la separación de ambos. Él es un reputado científico que trabaja en un proyecto secreto para el Estado: ha creado una mutación del virus del Tifus con el que, desde hacía décadas, estaba experimentando en Siberia, el cual tiene una particularidad; está diseñado a medida para acabar con el pueblo rebelde chechenio, ya que ha sido confeccionado en base al ADN de esta etnia, por lo que enviando 150 portadores, cobayas humanos voluntarios, y una vez éstos se mezclen con la población, no tardará mucho tiempo en que se declare una epidemia de tal calibre que no quede un solo chechenio con vida en pocas semanas.&lt;br /&gt;Jamila conoce el malvado plan ya que siempre ha estado al corriente de las investigaciones de su esposo sin que él tenga conocimiento de ello. El detonante para que la mujer se decida a actuar ha sido la reciente muerte de su único hijo en una escaramuza del ejército ruso en busca de líderes de la guerrilla organizada, que desde la última guerra no ha parado de asestar golpes continuamente produciendo bajas considerables en el enemigo.&lt;br /&gt;De esta forma al explosionar el tren, que desde la capital rusa y con destino a Groznia se acerca con la letal carga, mata dos pájaros de un tiro; aborta el siniestro plan y hace desaparecer al científico que acompaña la expedición, su ex esposo;  principal enemigo de su pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;JAMILA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Jamila se acerca a la estación del tren, los dos guardias uniformados que custodian la puerta principal no reparan en ella. Su aspecto no hace sospechar nada que pueda alertar a nadie, ni siquiera a los viandantes que en ese momento se dirigen a sus ocupaciones. Es una mujer de unos cuarenta años, de escasa estatura, embozada en un grueso abrigo y tocada de un gorro de piel que le cubre la cabeza hasta el límite de las cejas. Tan solo un detalle la diferencia de las otras mujeres que se cruzan en su recorrido; su voluminoso abdomen que no deja duda de un avanzado estado de gestación.&lt;br /&gt;Pasa entre los dos guardias con la mirada fija en el interior de la estación, comprobando que el tren aún permanece allí, junto al andén. Los pasajeros están inquietos, frotándose las manos y moviendo los pies en espera de la señal del jefe de estación para poder subir al tren. El frío mantiene la actividad de sus miembros sin darles tregua, por lo que las gruesas suelas de decenas de botas repiquetean contra el pavimento, creando una cómica sinfonía.&lt;br /&gt;Apenas Jamila alcanza el vagón de cola, se escucha el silbato; lo que significa la autorización para acceder a los vagones. Una masa de personas comienza a moverse y en menos de dos minutos quedan ocupados todos los asientos. Jamila queda la última, sola en el andén, como indecisa, pero eso tan sólo dura unos segundos; su determinación es clara: ¡lo hará!&lt;br /&gt;Una vez dentro, recorre el primer vagón por el pasillo central tratando de no mirar a los pasajeros, no quiere ver ninguna cara. Llega hasta el descansillo y penetra en el segundo con la misma actitud, así, hasta el quinto, el que le interesa; justo en el centro del largo convoy. Según sus cálculos, debe posicionarse en ese lugar para no errar en su propósito. Se sitúa junto a uno de los asientos, apoyándose con el codo en el respaldo para mantener el equilibrio; a la espera del momento justo en que deba actuar.&lt;br /&gt;De una rápida ojeada, sin reparar en detalles, comprueba que la estancia va a rebosar; todos los asientos están ocupados, incluso algunos pasajeros permanecen de pie en el pasillo como ella.&lt;br /&gt;El pasaje es variopinto; desde el campesino que regresa a su aldea después de hacer alguna gestión en la capital, hasta el joven con aire de ejecutivo, uniformado como lo requiere su ocupación; traje, corbata y maletín. Algún niño, con la nariz pegada al vidrio de la ventanilla, espera impaciente a que el tren inicie la marcha.&lt;br /&gt;Extrañamente nadie habla, lo que convierte el silencio en algo casi incómodo, parece aumentar, si cabe, aún más el frío de la mañana.&lt;br /&gt;Jamila nota un tímido toque en su hombro, cuando gira la cabeza se encuentra con el rostro amable de un joven de no más de veinte años que cortésmente le cede su asiento al percatarse de su estado. Ella no le corresponde a la sonrisa con la que acompaña el ofrecimiento, su mirada es fría, distante, se limita a aceptar la oferta y ocupa el asiento sin palabra alguna. El joven queda en pie en medio del pasillo como si hiciera guardia. Su uniforme del ejército imperial le añade un aspecto imponente, lo que a la vista de Jamila lo hace despreciable.&lt;br /&gt;En ese momento se escucha el chirrido de la pesada maquinaria del tren, que como si de un enorme dragón se tratara, comienza a desperezarse de su letargo deslizándose lentamente por las vías. La mujer cierra los ojos y deja caer su cabeza hacia atrás hasta apoyarla en el respaldo. Luego se entrega a sus recuerdos, y la película de su vida da comienzo.&lt;br /&gt;El tren sale del túnel y poco a poco va acelerando la marcha. Atrás queda la ciudad y ahora discurre por campo abierto en un paisaje más amable, que aunque frío, es un regalo para la vista. Campos inmensos de cultivo lo llenan todo, como un océano verde. Y en ese mar inabarcable la vida fluye bulliciosamente con todo lujo de matices; manadas de ganado, aves de distinta especie que van y vienen incansables en su tarea diaria de alimentar a sus crías, campesinos en sus tareas del campo, maquinarias diseminadas por los caminos, todo ello en un caos perfectamente organizado donde se respira vida, autentica vida.&lt;br /&gt;El ferrocarril tiene como destino la estación de Groznia situada en el centro mismo de la ciudad más importante de Chechenia, región anexionada desde hace siglos al Imperio y que desde entonces lucha incansablemente contra éste por su propia soberanía. Nación de ancestrales tribus montañesas que se vieron obligados a bajar a zonas donde poder desarrollarse, ocupando valles que hicieron suyos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ATENTADO EN LA ESTACION&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caos se adueña de la estación central de Cravia, de nuevo la despiadada mano del terrorismo ha golpeado en el corazón de la ciudad. Los equipos de socorro van y vienen en una febril carrera tratando de evacuar los cuerpos mutilados de los pasajeros del tren. Cuando el largo convoy se estaciona en el andén, hace explosión un artefacto desde su interior, y es de tal magnitud su potencia que volatiliza literalmente los tres vagones intermedios, produciendo a su vez destrozos irreparables en el resto. Los cuerpos de los pasajeros yacen desperdigados por todas partes. La explosión ha abierto un cráter por donde humea todavía el resultado de la bomba. Todos los indicios hacen pensar que se trata de otro acto vandálico del terrorismo fanático-religioso.&lt;br /&gt;El hecho ha ocurrido hace escasamente dos horas, pero la movilización de todos los cuerpos de seguridad del Estado, así como las demás entidades civiles, ha sido instantánea.&lt;br /&gt;Sobre el promontorio de materiales diversos que rodean en círculo el siniestrado tren, Pavel observa la escena. Ha sido enviado a toda prisa para encargarse de evaluar la situación y hacerse cargo de la investigación ya que su currículo como experto en actos terroristas le hace el más idóneo.&lt;br /&gt;— ¿Le han enviado a usted?—pregunta sin más preámbulos Mijail Glinka, jefe de la policía estatal en Gronia.&lt;br /&gt;—Así es, ¿supongo que no tendrá ninguna objeción en que así sea?—responde sarcástico el investigador.&lt;br /&gt;—Usted ya conoce cual es mi opinión en lo relacionado con su método de trabajo—responde con desaire manifiesto Mijail.&lt;br /&gt;—No me toque las narices, de sobra sabe que sus hombres no están preparados para situaciones como ésta.&lt;br /&gt;— ¿Se cree muy inteligente, verdad?, ¿tengo que recordarle que la última vez le costó la vida a uno de mis hombres su “pericia” en la investigación de un caso de terrorismo como éste por confiar en uno de sus confidentes?&lt;br /&gt;—Ya lo ha hecho—responde Pavel desviando la mirada hacia el foso donde se encuentra el amasijo de hierros y restos del ferrocarril, para acto seguido y dando la espalda al jefe de policía, dirigirse pendiente abajo.&lt;br /&gt;— ¡No crea que porque le han encargado el caso va a contar con mi ayuda!—grita Mijail antes de alejarse del lugar.&lt;br /&gt;Pavel no le escucha. Está cansado de justificarse desde que, desgraciadamente, perdió la vida su compañero eventual, dos años atrás. Fue victima de una trampa urdida por un comando terrorista. Utilizaron a un soplón para llevarlo hasta una zona en donde presumiblemente le facilitaría una valiosa información, y no era otra cosa que una encerrona en la que cayó ingenuamente por no poner en antecedentes a Pavel. El hombre quiso ponerse una medalla y perdió la vida absurdamente. Desde entonces no caía muy bien en el cuerpo de la Policía Estatal de Cravia. Mijail le detestaba especialmente.&lt;br /&gt;Una vez sorteados los cascotes y demás obstáculos, resultado de la explosión, Pavel hace un reconocimiento visual de la zona de forma rutinaria, pero siguiendo su instinto de sabueso, se mueve de aquí para allá buscando algo. Cualquier cosa que le indique una pista a seguir. “Siempre hay algo”, recuerda que le decía con insistencia su instructor en la academia. “Nunca abandones el escenario del crimen sin rastrearlo palmo a palmo, por insignificante que te parezca, no deseches nada a la ligera”&lt;br /&gt;Sus ojos, acostumbrados a ese cometido, escanean todo el perímetro afectado por la explosión hasta detenerse al observar algo que no cuadra allí, algo que parece estar desubicado ; un reloj de pulsera semi oculto por la runa caída del techo del túnel. Se hace con el objeto y apenas tiene que soplar sobre él para ver con toda claridad que se trata de un reloj masculino en el que una media luna decora su esfera interior. Extrae una pequeña bolsa de plástico de uno de los bolsillos de su abrigo y guarda en ella el objeto. Hace una mueca de desconfianza torciendo levemente la boca, pero decide pensar más tarde en ello. Siguiendo con la exploración visual va pasando de vagón en vagón. Decenas de personas yacen muertas por todas partes, gente de distintas edades y condiciones, unos victimas de la onda expansiva, otros pisoteados por la actitud desesperada de los viajeros que sobreviven. Algunos heridos están siendo atendidos por los equipos sanitarios; otros piden ayuda semi aplastados por el mobiliario del tren. Pavel deja el trabajo de socorro a los especialistas y va pasando como simple testigo.&lt;br /&gt;Sale del vagón de cola saltando hasta el andén para dirigirse a la calle. Ya ha visto bastante de momento para hacerse una idea de lo ocurrido: “otro caso claro de terrorismo, uno de los pasajeros; varón, ha dejado una mochila cargada con un potente explosivo. No tardarán en dar señales de vida reivindicando el hecho y exigiendo algo.&lt;br /&gt;Fuera de la estación la actividad es tanto o más dinámica que dentro; la sinfonía de sirenas de bomberos, ambulancias y policía es de tal estridencia que no da tregua a los oídos.&lt;br /&gt;— ¿Ha encontrado algo?—le pregunta el jefe Mijail nada más bajar las escalinatas de la estación.&lt;br /&gt;—Siempre hay algo—responde Pavel casi en voz baja.&lt;br /&gt;— ¿Qué ha dicho?—pregunta el policía con gesto irritado.&lt;br /&gt;Pavel pasa de largo sin mirarlo, alejándose sin más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más tarde, el investigador está en un despacho, sentado frente al director de la sede de la Policía Científica a la espera del resultado del análisis de la prueba hallada en el tren. Un hombre de unos treinta años, con bata blanca, entra y deja un folio en la mesa del director.&lt;br /&gt;—Bien, gracias—dice despidiendo al que hace la entrega. Acto seguido recoge el informe, mira a Pavel y lee el contenido para sí mismo.&lt;br /&gt;— ¿Qué tenemos?—pregunta el investigador sin esperar a que termine la lectura.&lt;br /&gt;—Parece ser que después de analizar los restos de piel y cabellos impregnados en el objeto no hay duda alguna de que éste pertenece a un varón. Según el análisis de pigmentación de la piel, se trata con toda seguridad de un hombre de raza árabe. Es lo que nos indica el resultado del ADN.&lt;br /&gt;—Lo imaginaba ¿Quién sino llevaría un reloj con una media luna? Pero la persona que lo portaba bien podría ser un pasajero inocente que nada tiene que ver con el acto terrorista—reflexiona Pavel.&lt;br /&gt;—Eso ya es cosa suya—responde secamente el director dando carpetazo al asunto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;UNA CITA INESPERADA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos horas después, Pavel se encuentra en su apartamento provisional. La Delegación de Gobierno se ha ocupado de proporcionarle una residencia al mismo tiempo que le encargaba la misión. Es un estudio modesto y discreto ubicado en el centro de la ciudad, a pocos metros de la Comisaría de Policía Estatal. Se deja caer en el único sillón que hay en el salón y se lleva las manos a la cabeza, masajeando suavemente las sienes con las yemas de sus dedos. Es un gesto característico suyo cuando algo no encaja en sus esquemas. Todo es demasiado evidente, tanto que no se lo cree; terrorismo fanático perpetrado por árabes, un reloj sin un solo golpe ni mancha de sangre o polvo… ¡demasiado fácil!&lt;br /&gt;Se levanta dirigiéndose al mueble bar, toma una botella de licor sin etiqueta y vierte una porción en un baso. Luego abre la nevera buscando un par de cubitos de hielo, pero en la portezuela del congelador encuentra una nota escrita a mano, adherida por la propia humedad interior.&lt;br /&gt;La nota es anónima y dice:&lt;br /&gt;“Venga esta tarde a las siete&lt;br /&gt;Calle Chejov 30, apartamento 22&lt;br /&gt;Información importante.”&lt;br /&gt;No sin reparos, decide acudir a la cita. Hombre curtido en ese tipo de situaciones, sabe que hay algo oscuro en el caso y puede ser que el anónimo personaje dé algo de luz a la investigación. Va convenientemente armado con su revolver en la cartuchera en un costado y como precaución añadida complementa el vestuario con otra arma más reducida, colocada por encima del tobillo, igualmente enfundada.&lt;br /&gt;Horas más tarde sale a la calle y toma el primer taxi que aparece. Da la dirección al chofer y se arrellana en el asiento trasero, sube las solapas de su abrigo y cruza los brazos protegiendo sus manos en las axilas. Hace frío y la calefacción del vehículo no funciona, por lo que puede ver el vaho que produce su propia respiración al salir por la boca.&lt;br /&gt;— ¿Conoce lo poco recomendable que es acercarse a ese barrio cuando oscurece?—pregunta el taxista al pasajero.&lt;br /&gt;—No se preocupe amigo, no estaré mucho tiempo.&lt;br /&gt;— ¿No pretenderá que le espere allí para traerle de regreso?&lt;br /&gt;— ¿Porqué no?—pregunta Pavel sabiendo la respuesta.&lt;br /&gt;— ¿Es usted de fuera, verdad?&lt;br /&gt;—Hace demasiadas preguntas, si tiene reparo en esperarme para la vuelta, puede marcharse en cuanto lleguemos.&lt;br /&gt;—No quería molestarle, pero es un barrio muy peligroso, lo sé por experiencia. Una noche…&lt;br /&gt;—Ahorrese la historia, no tengo tiempo para escucharla—corta autoritario y seco Pavel—, lléveme a la dirección que le he dado, nada más.&lt;br /&gt;Una vez llegado al destino y pagado el trayecto, el taxista sale a toda velocidad demostrando su enojo por la actitud hostil del pasajero.&lt;br /&gt;Pavel está frente a un edificio semi en ruinas, toda la calle da la sensación de estar abandonada hace años, los pocos vehículos que hay estacionados parecen haber salido de una chatarrería.&lt;br /&gt;Se introduce en el portal y sube decidido dos plantas hasta el apartamento 22, no hay más remedio que hacerlo a pie, ya que no hay ascensor.&lt;br /&gt;Frente a la puerta del nº 22 detecta que alguien observa desde el otro lado por la mirilla.&lt;br /&gt;—Pavel—dice en voz baja mientras mantiene una postura que de confianza al desconocido personaje.&lt;br /&gt;Se abre la puerta y aparece un hombre de unos cuarenta años, fornido, de estatura considerable; pero de aspecto asustado, o enfermo. Su cara está marcadamente demacrada.&lt;br /&gt;—Pase, pase por favor, a prisa—la voz del personaje, temblorosa, denota urgencia.&lt;br /&gt;El investigador entra en el infecto cuchitril. Decide quedarse en pie, escuchará lo que tenga que decir el soplón, le dará una pequeña cantidad de dinero si la información lo vale y marchará acto seguido.&lt;br /&gt;—Hable, no perdamos tiempo, ¿qué tiene que decirme?, ¿y cómo ha logrado entrar en mi apartamento?&lt;br /&gt;— ¿Qué apartamento?, no sé de qué me habla—dice el hombre sin entender nada— ¿Lo ha traído?&lt;br /&gt;— ¿Tenía que traer algo?—Pavel recela, intuye que allí hay un mal entendido.&lt;br /&gt;—El pasaporte, ¿lo ha traído, o no?&lt;br /&gt;— ¿De qué me habla?, lo único que traigo es esta nota que me dejó en la nevera, ¿a qué estamos jugando?—Pavel comienza a impacientarse.&lt;br /&gt;— ¡Dios mío, me han engañado!, ¿quién es usted?, ¿qué hace aquí?—el hombre retrocede asustado y se aferra a una lámpara que hay sobre una mesita.&lt;br /&gt;—Tranquilícese y acláreme esta situación, sospecho que alguien nos ha tendido una trampa. Soy policía, no tema; explíqueme eso del pasaporte.&lt;br /&gt;El hombre, sintiéndose en acorralado, decide confiar y le explica que salió con vida del atentado pero que le urge salir del país inmediatamente ya que lo controla el servicio secreto. Él y todos los que iban en los tres vagones de cola de ese tren forman parte de un experimento médico y son portadores de un virus. Es un infectado, pero desconoce los planes del Gobierno, no sabe a donde los conducían en el convoy, ni con qué fines. Después del atentado escapó huyendo y fue a parar a ese barrio, donde contactó con un presunto funcionario corrupto, el cual le aseguró que un enlace le llevaría en cuestión de horas un pasaporte para escapar a un país extranjero en donde fuera libre, ya que su vida no estaba muy segura si el servicio secreto daba con su escondite.&lt;br /&gt;— ¡Qué historia de locos me está contando!, ¿quiere hacerme creer que ese tren llevaba un cargamento de infectados con una misión secreta?—Pavel piensa que está ante un demente.&lt;br /&gt;—Eso mismo, lo crea o no; yo soy uno de ellos. Tal vez el único superviviente, y si no consigo salir del país mi vida corre peligro.&lt;br /&gt;—Está peor de lo que me imaginaba—responde Pavel irritado por la pérdida de tiempo, mientras se dirige a la salida.&lt;br /&gt;—Espere, por favor…—cuando el hombre le va a pedir que no se marche, oye pasos al otro lado de la puerta. Descorre, sin hacer ruido, la pequeña placa metálica de la mirilla para asegurarse si es el contacto o alguien enviado por éste para traerle el pasaporte, pero lo que ve son dos hombres con aspecto sospechoso. Pavel capta el gesto de sorpresa y lo aparta para a continuación echar un vistazo por el orificio de la puerta. Dos hombres, que le parece reconocer como delincuentes, llaman a la puerta suavemente con los nudillos. Pavel se retira, indicando al otro que abra la puerta. Una vez se abre; los dos individuos entran en tromba con clara intención de atacar al superviviente, pero se sorprenden al descubrir que Pavel está a sus espaldas apuntándoles con el arma reglamentaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El investigador se desplaza hasta Comisaría para poner en antecedentes al jefe Mijail y de paso pedirle que le haga saber el informe del forense cuando le haga la autopsia al extraño personaje sobreviviente del atentado, pero oculta el motivo de su interés ya que la experiencia le dice que durante una investigación es mejor no dar toda la información de la que se dispone. Ve algo turbio en el caso, pero no acierta a adivinar qué, por lo que tratará de ir cautelosamente dando pasos en la investigación.&lt;br /&gt;Va a su apartamento para aclarar las ideas. Lo que más le inquieta es la sorprendente vitalidad que demostró el infectado en el transcurso de la lucha con los sicarios. Pavel rehace la escena del primer momento; cuando hacen entrada en el apartamento los dos matones, se abalanzan al interior del apartamento y uno de ellos abre fuego a bocajarro sobre el hombre, este cae de espaldas en mitad del salón. Los sicarios se ven sorprendidos por Pavel, que dispara sobre uno de ellos, abatiéndolo de un disparo en pleno pecho.&lt;br /&gt;Sorprendentemente, el superviviente se levanta y salta como una fiera sobre el otro arrastrándolo con la inercia de su cuerpo hasta la ventana que da a la calle. Ambos, abrazados uno al otro, caen al vacío golpeando con todo su peso en el techo de un coche que hay estacionado junto a la acera. Durante unos instantes, Pavel observa los dos cuerpos inertes, pero no tarda en comprobar, desconcertado, como el hombre misterioso se incorpora de nuevo y se posa sobre el asfalto para salir huyendo. Su carrera desesperada solo dura unos segundos, veinte metros más adelante se desploma.&lt;br /&gt;El día se va acabando y con ello se intensifica el frío, Pavel da por terminada la jornada; demasiada acción para su primer día de investigación.&lt;br /&gt;Se deja caer en el sofá, frente al televisor apagado, y relaja su cuerpo. Cierra los ojos y no tarda en quedarse dormido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL FORENSE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la mañana siguiente sale del apartamento, camino de Comisaría. No se le escapa el detalle de que un vehículo de cristales ahumados permanece estacionado frente al edificio del que sale. Camina un buen trecho para respirar el aire fresco de la mañana y hace una parada en una cafetería para tomar algo caliente. Una vez reconfortado con un café con leche y un cruasán al tiempo que ojea lo más relevante de la prensa diaria; sigue su camino hasta avistar un taxi, levanta el brazo y le indica que pare.&lt;br /&gt;Una vez en el despacho que le ha sido asignado provisionalmente en Comisaría, se arrellana en el asiento giratorio y llama por teléfono al forense una vez comprobado que no ha llegado aún el informe de las autopsias, pues han pasado las horas necesarias para que se hubiera recibido.&lt;br /&gt;—Al habla el doctor Gari Tarkovski.&lt;br /&gt;—Buenos días doctor, soy Pavel Kapitsa; el encargado del caso de los tres cuerpos que recibió ayer tarde. ¿Tiene usted los análisis y el resultado de las autopsias?—pregunta rutinariamente el investigador.&lt;br /&gt;— ¿Tres cuerpos?—se extraña el forense.&lt;br /&gt;—Así es; dos delincuentes comunes y otro individuo; pasajero del tren siniestrado ayer en el atentado terrorista. —aclara Pavel.&lt;br /&gt;—Creo que aquí hay un mal entendido…&lt;br /&gt;— ¿Qué quiere decir con eso…?—corta contrariado Pavel.&lt;br /&gt;—Yo solo he recibido dos cuerpos, no sé de que me habla al decir “tres cuerpos”. Uno con impacto de bala y otro, al parecer, se trata de un suicidio; se arrojó desde la ventana de un tercer piso cuando huía de la policía. No sé nada de un tercer individuo—responde el doctor extrañado por el hecho de que la policía le hable de tres fallecidos y no dos.&lt;br /&gt;—Está bien—responde Pavel—tengo urgencia por entrevistarme con usted ¿estará ahí esta mañana?&lt;br /&gt;—Si, desde luego, estaré en mi lugar de trabajo, pero de todas formas el resultado de las autopsias le llegarán en breve a las dependencias policiales, no es necesario que venga usted.&lt;br /&gt;—Me interesa y mucho—dice con voz apremiante Pavel—si puede atenderme unos minutos, no se mueva de ahí, voy lo más rápido que pueda.&lt;br /&gt;—De acuerdo, ya me explicará de qué se trata cuando nos veamos…&lt;br /&gt;—No se preocupe, lo pondré en antecedentes. No diga a nadie que me espera, lo que tengo que decirle, por el momento es confidencial. Confío en usted.&lt;br /&gt;—Bien, le espero. Cuente con mi discreción, aunque no sé a qué viene tanto misterio—responde Gari mosqueado por la actitud intrigante del investigador.&lt;br /&gt;—Gracias, hasta ahora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA CHAQUETA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pavel sale de Comisaría para dirigirse de nuevo a su apartamento. Su instinto de sabueso le dice que está en un caso de confabulación y que tiene que moverse con cuidado en las pesquisas. Hay detalles que no encajan en su cabeza. Se siente vigilado, falta el cuerpo de un pasajero, encuentra una prueba demasiado evidente en el lugar del atentado…demasiados cabos sueltos; cabos que lo único que hacen es deshilachar la trama y desviar la atención del verdadero hilo conductor hacia el esclarecimiento del caso. Hilos que dirigen hasta ningún lado en concreto. Alguien está tratando de confundirle. Es más, le están llevando en la dirección interesada para fines que desconoce ¿por quien?, ha de averiguarlo a la misma vez que aclara la autoría del atentado.&lt;br /&gt;Cuando llega a su apartamento va directamente a un canasto donde dejó la ropa que llevaba el día anterior, revuelve entre las prendas y encuentra lo que busca: una chaqueta manchada de sangre. Sangre del infectado que impregnó la prenda cuando Pavel corrió hasta él para auxiliarlo en plena calle. Un pequeño rodal rojo quedó impreso en una de las mangas al girar el cuerpo del infortunado y rozarse con el reguero que salía de uno de los orificios de impacto de bala que llevaba en el pecho. Llevaría esa chaqueta al forense para que la analizara. La sobrenatural vitalidad del fallecido después de recibir los disparos e incorporarse para arrastrar al asesino hasta la ventana y después del tremendo impacto contra el coche de la calle, salir corriendo; no le parece humano.&lt;br /&gt;Luego, haciendo memoria, recuerda las palabras del que creía un confidente: “formo parte de un grupo de infectados para un experimento secreto del Gobierno…” o algo parecido fue lo que le dijo en el apartamento pocos minutos antes de morir.&lt;br /&gt;Pavel no quiere hacer conjeturas, pero empieza a sospechar seriamente que algo oscuro se cierne sobre su misión. No le gusta nada el cariz misterioso que va adquiriendo a medida que pasan las horas. Mete en una bolsa de plástico la prenda de vestir y sin esperar más se dirige a las dependencias de la Policía Judicial en donde debe encontrarse con el doctor Gari en el departamento de medicina forense.&lt;br /&gt;Cuando sale a la calle descubre de nuevo el vehículo oscuro de antes a unos cien metros de él. Espera un taxi y se aleja, no sin observar a través del retrovisor interior si lo siguen, pero comprueba que no es así.&lt;br /&gt;En pocos minutos está ante la puerta de la morgue. Sube las escasas escalinatas y se introduce en el edificio. El doctor Gari lo ve entrar y, aunque no se han visto nunca, le reconoce, por lo que con un ademán le hace indicación para que se acerque; invitándolo a pasar a su despacho. Antes de sentarse se presentan ambos dándose la mano.&lt;br /&gt;—Usted dirá, me tiene desconcertado—comienza la conversación el doctor.&lt;br /&gt;—Acudí a una cita creyendo que se trataba de un confidente buscando algo de dinero a cambio de información que me ayudase en la investigación sobre el asunto terrorista y me encontré con un individuo asustado y enfermo al parecer, que me contó una historia increíble que no puedo revelarle por ser secreto del sumario de la investigación. Una vez en su apartamento, vinieron dos hombres con clara intención de eliminarlo. En la refriega cayeron los tres. Abatieron al sujeto misterioso de dos disparos y éste aún tuvo fuerzas para levantarse y arrastrar con él a uno de ellos hasta una ventana por la que se precipitaron hasta la calle. Eran tres cadáveres doctor, ¿dice usted que sólo le han entregado dos?&lt;br /&gt;—Así es, puede estar seguro de lo que le digo. Dos cuerpos: uno muerto de bala, el otro por los traumatismos que le produjo una caída desde considerable altura. ¡No hay más!—responde el forense molesto por la insistente duda del otro.&lt;br /&gt;— ¿Podemos ir al depósito?—pregunta el investigador.&lt;br /&gt;—Está bien, si lo cree conveniente vayamos y haga un reconocimiento de los cadáveres. Esto es muy extraño, un cuerpo no puede desaparecer así como así—comenta receloso el doctor.&lt;br /&gt;—Eso mismo es lo que quiero averiguar, vayamos al depósito.&lt;br /&gt;Salen del despacho y siguen el pasillo hasta llegar a unas escaleras que dan al sótano. Bajan y acceden a una estancia donde el frío es más intenso que en el resto del edificio. El doctor indica a uno de sus ayudantes que abra dos de las puertas metálicas que hay en una pared. Una vez extraídos los cadáveres, Pavel se acerca y reconoce sin duda alguna a los dos hombres que tuvo tan cerca el día anterior.&lt;br /&gt;—Son ellos, no hay duda, pero falta el tercero—dice mirando al doctor.&lt;br /&gt;—Eso ya es cosa suya, usted es el policía, no puedo hacer nada más.&lt;br /&gt;—Sí, puede hacer algo—responde Pavel decidido al tiempo que le entrega la bolsa que lleva en su mano—esta chaqueta conserva restos de sangre del tercero, el hombre x le llamaremos de momento. Haga el favor de analizarla, creo que nos llevaremos una sorpresa.&lt;br /&gt;—Si usted lo dice—responde con desgana Gari al tiempo que indica a alguien de su equipo que se haga cargo de la prenda y la traslade al laboratorio.&lt;br /&gt;—Si es cierto lo que me reveló el señor x, no tardará en llamarme sorprendido para darme el resultado. Gracias por todo doctor, espero su informe lo antes posible. Ahora he de irme, conozco la salida, ¡ah! este es mi número de teléfono—le entrega una tarjeta con un número de móvil—le agradeceré que me avise lo antes posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL COMANDO TERRORISTA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En otra parte de la ciudad, alejada del centro y en la parte más humilde de esta; donde la clase obrera se hacina en viviendas prefabricadas, en un discreto apartamento; Jamila está atenta a las noticias que proyecta el televisor.&lt;br /&gt;A dos estaciones de la llegada del tren a la ciudad, la mujer se apeó del convoy, no sin antes dejar la mortal carga que portaba simulando su embarazo. Entró en los servicios, se despojó del abultado cinturón de explosivos y lo escondió lo mejor que pudo en el interior del cubículo donde estaba el water. Cerró la puerta y luego manipuló el cierre para que nadie tuviera acceso al interior y pudiera dar la alarma. Los explosivos, provistos de un retardador electrónico, cumplían lo proyectado por sí mismos quince minutos más tarde.&lt;br /&gt;Jamila no siente satisfacción alguna por su hazaña ya que es consciente de que ha matado a seres inocentes, pero justifica su acto el hecho de que ese tren llevaba una carga mortífera para destruir a su pueblo. Mientras que las imágenes del atentado se repiten incansablemente en la pantalla, ella evoca otras que están en su recuerdo. La figura de su ex esposo aparece en primer lugar: Yuri Románkov, brillante científico del ejército ruso. Él y el mismísimo Estado son los culpables de esas muertes, solo a ellos debería el mundo pedir responsabilidades.&lt;br /&gt;Desde tiempos de Stalin, sesenta años atrás, se fue gestando la intriga que desembocó finalmente en la tragedia que hoy vive su pueblo.&lt;br /&gt;Stalin, antiguo estadista, odiaba mortalmente a los chechenios, pueblo orgulloso de su origen y luchador infatigable por su independencia. El mandatario vio una ocasión perfecta acusando a los chechenios de colaboración con Hitler y el nazismo, por lo que decretó la deportación de todos ellos a Siberia y Asia central acusados de traidores. El éxodo masivo del pueblo de Jamila sufrió lo indecible en el camino. Entre las muchas calamidades que padecieron, una de ellas fue definitiva; aproximadamente el 50% de ellos, decenas de miles de hombres mujeres y niños, no llegó nunca a su destino, muriendo en el trayecto afectados por el virus del tifus.&lt;br /&gt;Los pocos que llegaron a Siberia, tenían los anticuerpos de la enfermedad. Hecho que no escapó a los ojos de los médicos del campo de concentración. Después de muchos experimentos con los deportados se llegó a conclusiones atractivas para los intereses del poder en cuanto a la suerte de aquel maldito pueblo que tantos quebraderos de cabeza daba a la cúpula del sistema.&lt;br /&gt;Pasaron muchos años sin que se tuviera conocimiento del resultado de la experimentación, quedó en el olvido temporalmente. Años más tarde, después de la primera guerra del enorme imperio contra el pequeño pueblo chechenio en la cual no pudo someterse a este, alguien que conocía los planes del pasado retomó el experimento a instancias del actual jefe del Estado Mayor del Ejército reabriendo otra vez el experimento tantos años dormido en los archivos secretos del Centro de Investigación Biológica de Defensa.&lt;br /&gt;Un brillante y joven científico con ansias de merecer ante las altas estancias del poder, se consagró con verdadera devoción a terminar el proceso de experimentación del virus. Le costó varios años conseguir resultados, pero su dedicación incansable dio fruto finalmente pudiendo presentar con orgullo el resultado de su trabajo: un virus mutado del que infectara años atrás a toda aquella gente de Tifus, pero con una particularidad; era un virus personalizado, hecho a medida, ya que estaba elaborado en base al ADN de la etnia Chechenia.&lt;br /&gt;La lúcida mente de Yuri Románkov, ideó un diabólico plan que consistía en inocular el virus mortal en doscientos presidiarios, llevarlos en un tren hasta el corazón de Groznia—capital de Chechenia—y una vez allí darles la libertad como pago a su voluntariado como cobayas humanas. Una vez ocurrido esto, en dos semanas estaría propagada la epidemia de la que no saldría con vida un solo chechenio.&lt;br /&gt;Dos años antes de esa decisión, Jamila y Yuri ya estaban divorciados. Ella chechenia y musulmana, él ruso y ortodoxo; era inevitable que a la larga así sucediera. Eran dos mundos totalmente divergentes, en donde la reconciliación era una utopía.&lt;br /&gt;Jamila nunca supo exactamente en qué consistía la investigación de su esposo, pero intuía que nada bueno debería ser, ya que conocía sobradamente la incondicional adhesión de este con el sistema.&lt;br /&gt;Una vez libre de él, tuvo menos trabas para conseguir saber de qué se trataba ya que los grupos o células guerrilleras que estaban enfrentadas al tirano imperio, confiaron en ella y la pusieron en antecedentes; lo que provocó en ella un sentimiento de responsabilidad que le dio energías para encargarse de la destrucción del diabólico plan de su ex esposo. Y así lo hizo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La televisión sigue emitiendo imágenes patéticas de los afectados y dando cuenta de los daños materiales ocasionados por el “salvaje golpe” asestado por los fanáticos. Las imágenes de condolencia de todos los gobernantes del mundo se suceden una y otra vez.&lt;br /&gt;Jamila deja de recordar.&lt;br /&gt;En una de las tomas de las cámaras de televisión destacadas en el lugar se puede ver la estación a su entrada. Coches de policía y ambulancias permanecen allí todavía para dar más autenticidad al escenario de la tragedia. Y allí está Pavel dirigiéndose al interior de la estación. Jamila lo reconoce, es muy popular entre los comandos terroristas chechenios debido a su experiencia y resultados en las detenciones de sus componentes. Lleva años atosigándolos y es el responsable de los apresamientos y posterior ejecución de destacados miembros de la resistencia.&lt;br /&gt;Jamila apaga el televisor.&lt;br /&gt;VUELTA AL LUGAR DE LOS HECHOS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mijail Glinka, jefe de la policía estatal, ve de mala gana como se acerca hasta él Pavel.&lt;br /&gt;— ¿Aún no tiene pistas?—pregunta Mijail con sorna.&lt;br /&gt;—Estoy en ello. Cuando tenga algo lo sabrá, para que sepa hacia donde moverse—responde el investigador sin poder disimular la animosidad que le despierta el personaje.&lt;br /&gt;—No es necesario que me ayude, conozco mi oficio.&lt;br /&gt;Pavel pasa de largo como es su costumbre cuando se encuentra de frente con el incómodo policía, para dirigirse de nuevo a los restos del tren a echar un vistazo por pura rutina, pues no espera encontrar ya nada en especial.&lt;br /&gt;— ¿Es usted Pavel Kapitsa?—pregunta un hombre de unos cincuenta años ataviado con protecciones antiexplosivo.&lt;br /&gt;—Así es, ¿y usted…?&lt;br /&gt;—Soy Sergei Kissin, responsable del equipo que analiza los restos del siniestro—contesta orgulloso.&lt;br /&gt;— ¿De explosivos?—pregunta Pavel a sabiendas de la obviedad de su pregunta.&lt;br /&gt;—Tengo que enseñarle algo—responde Sergei mirándolo de soslayo.&lt;br /&gt;Pavel le sigue hasta donde los hombres de Sergei trabajan recogiendo restos.&lt;br /&gt;— ¿Ve esto? Son los restos del cinturón de explosivos que llevaba el terrorista. Hemos escudriñado el tren y alrededores palmo a palmo y solo tenemos esto. No hay adherido a él restos humanos, por lo que es fácil deducir que él o las personas que lo pusieron en el tren no esperaron a que hiciera explosión. Fue abandonado en los servicios del vagón central. Esto nos lleva a la conclusión de que podría tratarse de una mujer.&lt;br /&gt;— ¿En qué se basa para aventurar eso?—pregunta Pavel confuso.&lt;br /&gt;—De tratarse de un hombre lo hubiera colocado en el servicio de hombres.&lt;br /&gt;— ¿Y no fue así? ¿Acaso hay en el tren un lugar distinto para las necesidades de unos u otras?—la respuesta de Pavel va con toda la mala intención de poner en evidencia al jefe de explosivos, molesto por la usurpación en su cometido de descifrar los enigmas de una investigación.&lt;br /&gt;—Ahórrese los sarcasmos, ese tren llevaba servicios indistintos; para hombres y mujeres—contesta claramente contrariado Sergei, para acto seguido dar la espalda a su interlocutor y dirigirse a sus hombres.&lt;br /&gt;El investigador llega hasta el tren y se introduce en él escalando por las ruinas que cayeron del techo de la estación.&lt;br /&gt;Tiene un reloj de hombre, una chaqueta manchada de sangre de un personaje extraño con una no menos increíble historia. Por otra parte, Sergei le ha dado que pensar; ¿porqué no una mujer? Una mujer que en estos momentos puede estar viva en algún lugar, a salvo de toda sospecha. Le falta algún elemento más. Luego recuerda el misterioso vehículo que le sigue a todas partes…y dos matones muertos. Difícil caso, nada de todo ello parece corresponder al patrón con el que está familiarizado en casos de terrorismo. Siempre que abordó una investigación sobre actos terroristas, las pruebas que encontraba en el camino eran inequívocas y todo se relacionaba entre sí señalando al autor o autores. En esta ocasión se le rompen los esquemas, está en una encrucijada y no sabe que camino tomar. Piensa que lo mejor será dejarse llevar. “Al final todo se va encauzando por sí mismo hacia la solución del enigma, la labor del detective consiste en mantener los ojos abiertos, no desechar nada por banal que parezca”—le parece oír las palabras de su instructor y maestro años atrás cuando entró a formar parte del cuerpo de elite de la Policía Judicial para asuntos de terrorismo.&lt;br /&gt;Los servicios sanitarios y bomberos ya han concluido su trabajo, por lo que no hay resto alguno de las víctimas, solo queda el destrozo ocasionado en las instalaciones del tren. Piensa que allí no va a encontrar nada que le pueda ayudar, por otra parte; la Policía Científica se habrá hecho cargo de cualquier objeto susceptible de ser analizado, al igual que los de explosivos. Ya le entregarán ambos informes de los resultados en la sede de la policía.&lt;br /&gt;Sale de la estación y cuando comprueba que la cobertura de su teléfono móvil es la óptima, marca el número del forense. Han pasado veinte horas y Gari no da señales de vida.&lt;br /&gt;— ¿El doctor Gari?—responde Pavel después de oír la señal de llamada de su teléfono.&lt;br /&gt;—Sí, soy yo, ¿hablo con el investigador Pavel?—el forense se asegura de la identidad del oyente.&lt;br /&gt;—Justo en este momento le iba a llamar, ¿tenemos algo ya doctor?&lt;br /&gt;—He de encontrarme con usted inmediatamente para ponerlo en antecedentes, tenemos un caso muy extraño…&lt;br /&gt;— ¿Qué ha encontrado?—pregunta curioso Pavel.&lt;br /&gt;—Algo desconcertante, se trata de una exótica mezcla de estupefacientes hallada en la sangre, sobre la cual no hay mucha información disponible, pero que algo sé del asunto. Es un informe clasificado del Gobierno. Me recuerda algo sobre una investigación secreta para obtener una droga llamada AP, droga muchísimo más efectiva que la cocaína, la cual desinhibe los centros del dolor alojados en el cerebro humano de manera que el individuo que sea portador del virus en su sangre no siente dolor. Eso explicaría lo que me contó sobre el tercer cuerpo; el desaparecido.&lt;br /&gt;— ¿Está usted seguro de lo que me dice? ¿No puede ser un error en el análisis?—Pavel no da crédito a la teoría del forense ya que le cuesta admitir que la fantástica historia del infectado pueda tener visos de realidad. Si así fuera, alguien desde el Gobierno está jugando a dos bazas.&lt;br /&gt;—No hay ningún error, sé de lo que hablo. Esas investigaciones son reales, lo que no tenía era la confirmación de que hubieran obtenido resultados. Tenemos que vernos, no es conveniente que nos comuniquemos por teléfono, le espero en mi despacho.&lt;br /&gt;—Allí estaré.&lt;br /&gt;Pavel guarda su diminuto teléfono en un bolsillo y va directamente hasta el jefe Mijail.&lt;br /&gt;— ¿Aún ronda por aquí?—pregunta este, casi divertido, al verlo.&lt;br /&gt;—Tengo necesidad de un vehículo para desplazarme por la ciudad, ¿dónde debo solicitarlo?&lt;br /&gt;— ¡Antonov, déle las llaves de su auto a Pavel!—el jefe, por respuesta, ordena a uno de sus hombres que le entregue el coche que tiene asignado.&lt;br /&gt;Pavel toma las llaves, que de mala gana le entrega Antonov, y sube en el automóvil para marchar a continuación camino de la morgue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debido a la congestión del tráfico a esa hora, tarda unos veinte minutos en llegar a las dependencias del Instituto forense. Deja el vehículo estacionado frente al edificio y entra sin anunciarse hasta el mismo despacho de Gari. El forense yace en el suelo, boca arriba sin aparentes muestras de violencia; una mano sobre su pecho, a la altura del corazón, y las piernas ligeramente separadas, pero un detalle evidencia que le han matado: una suave línea rojiza cruza su cuello horizontalmente. Alguien le ha puesto una bolsa de plástico en la cabeza y ha esperado a que se asfixie o se produzca una parada cardiaca.&lt;br /&gt;Sale del despacho y da aviso al personal del edificio del hecho. Luego avisa por su teléfono al jefe de policía para que se haga cargo del asunto.&lt;br /&gt;Pavel, en ese momento recuerda que cuando iba hasta allí, en el camino se cruzó con el sospechoso automóvil de cristales ahumados. Está casi seguro de que los personajes que iban en su interior tienen algo que ver en la muerte del forense. El rompecabezas, no solo no se aclara si no que se vuelve más complicado por momentos. ¿A quién beneficia la muerte de Gari? Alguien no quiere que su investigación vaya por ese camino e impidió que la información que iba a darle llegara a él. Eso le hace sospechar que la disparatada historia del infectado no era tan descabellada. De todas formas, Pavel se niega a admitir que desde las más altas instancias del Estado se pueda gestar tamaña monstruosidad. Pero su sentido práctico le dice que “nada es descartable”. Suele pensar, siempre que trabaja, con la cabeza fría y por lo tanto a partir de ese momento mirará bien sobre el terreno antes de dar un paso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Piensa, después de salir del tanatorio y mientras conduce, en las palabras del forense. Si lo que le dijo por teléfono sobre la potente droga es cierto, eso explica la extraordinaria vitalidad que demostró en sus últimos momentos el extraño superviviente. No solo eso; si no que parece que confirma la declaración del mismo en lo referente a que él y muchos otros son cobayas humanos al servicio del Estado para una misión diabólica de exterminio del pueblo chechenio. No es tan descabellada la idea, ya que de sobras conoce la necesidad del Kremlin en solucionar el problema del terrorismo y el conflicto armado que con ese pueblo tiene desde hace decenas de años. Decide ir a las dependencias policiales y buscar en los archivos informáticos toda referencia a experimentos biológicos. Pavel piensa que lo más conveniente será hacerlo sin pedir ayuda ni explicar a nadie demasiado lo que busca. Está empezando a no estar muy seguro de la integridad de sus compañeros temporales, incluido el jefe Mijail. Podría ser que se tratara de algo verdaderamente turbio y estuviera este implicado en la muerte del testigo del tren, incluso en la del forense. La única explicación que encuentra a esa muerte absurda es la de que sus teléfonos estén intervenidos por el servicio secreto y sus agentes, advertidos de la importante información que Gari iba a darle; lo eliminaran para que la investigación no prospere por ese camino.&lt;br /&gt;Una vez en Comisaría, pregunta por el jefe, pero no está localizable. Luego interroga al funcionario responsable de informes forenses sobre el contenido de las autopsias sin nombrar al tercer hombre. El funcionario le entrega dos dosieres, pero nada hay sobre el asunto del tercero. Falta el informe de los análisis que le comentara Gari en su conversación telefónica. O no llegó a tener tiempo de constatar por escrito los resultados, o estos fueron sustraídos de su despacho por quien o quienes le asesinaron.&lt;br /&gt;Una vez conocidos los nombres de los dos sicarios, es fácil buscar en los archivos y dar con las fichas de estos. Son dos delincuentes de sobras conocidos por la policía, entre todas las virtudes que constan en su currículo, una nota capta especialmente el interés de Pavel; son confidentes habituales de la policía.&lt;br /&gt;Pavel tiene un presentimiento, casi una certeza; la corrupción se ha instalado en el mismo seno de la policía y su implicación en la muerte del superviviente del tren es clara. Ahora falta conocer otro asunto: el de la muerte del forense.&lt;br /&gt;Deja de momento ese tema para indagar sobre otro no menos importante; los experimentos secretos sobre biología.&lt;br /&gt;No sabe por donde empezar ya que no está familiarizado especialmente con la investigación a través de la informática. Entonces recuerda a Nikolái. Nikolái Moritsévich, destacado periodista de investigación de una cadena privada de televisión, y Pavel, estudiaron criminología en la universidad en la misma promoción. Allí se hicieron grandes amigos y extraoficialmente tenían pactado un plan de ayuda mutua en sus respectivos trabajos de investigación. Uno por su condición de periodista y el otro por estar más cercano a los círculos de poder del Estado, podían ser de mucha utilidad en momentos puntuales uno con el otro. No duda en llamarlo para pedirle que obtenga toda la información posible sobre experimentos secretos y militares y qué científico las lleva a cavo como responsable máximo.&lt;br /&gt;La conversación es muy corta ya que Pavel es consciente del peligro que corre su amigo si intervienen la llamada y descubren su identidad. Por ello, en esta ocasión, utiliza el teléfono de comisaría.&lt;br /&gt;Pavel esperará hasta conocer el nombre del científico para dar el siguiente paso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;COMANDO EN ACCIÓN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jamila está al corriente del curso que está llevando las pesquisas de Pavel, no en vano tiene una estrecha relación con los comandos terroristas que operan por la zona. Para ella, esa actividad no es ni más ni menos que una Guerra Santa declarada por su pueblo al poder devastador y opresor del imperio ruso. Más aún; se siente legitimada en su lucha por la circunstancia de haber perdido, poco tiempo atrás, a su único hijo en una escaramuza contra los soldados invasores en la que, después de una persecución de días, lo cercaron y exterminaron sin oportunidad alguna. La primera intención de Jamila fue auto inmolarse al hacer explosionar el tren, pero desechó la idea a última hora ya que consideró que sería más valiosa su ayuda si vivía para denunciar las criminales prácticas de su ex esposo y los altos mandos del ejército. No quería que su acción pasara por uno más de los atentados terroristas que sus camaradas solían asestar a los rusos, y que por tanto no llegara a descubrirse la realidad de las intenciones del Gobierno y su mortal carga en el tren.&lt;br /&gt;Está decidida a rematar su misión con algo hasta ese momento inaudito; tratar de entrevistarse con el responsable de la investigación del caso, con uno de los peores enemigos; Pavel, y ponerlo en antecedentes de la situación. Ella y el resto del comando tienen la suficiente información para saber que el investigador, en esta ocasión, es una simple tapadera del Gobierno y que está siendo utilizado como títere para desviar la atención internacional sobre lo que es el verdadero meollo de la cuestión: el fallido intento de genocidio contra Chechenia. Si consigue convencerlo de la manipulación con la que está siendo dirigido por el servicio secreto, dejando pruebas falsas en su camino, creará una situación  de inestabilidad y desconfianza entre unos y otros suficiente como para desarticular durante un tiempo el entramado político y estratégico de la cúpula de Gobernación, hecho que redundaría en un tiempo de tregua para reorganizar mejor a los comandos chechenios  desperdigados por la necesidad de huída constante , y de esta manera hacerlos más operativos.&lt;br /&gt;Jamila está en su apartamento de alquiler, acompañada de tres hombres. Su siguiente paso lo deciden conjuntamente en una larga charla allí mismo. El comando se mueve por la ciudad en una furgoneta vieja rotulada con alusiones a una empresa inexistente de trabajos de pintura y decoración en general. Conocen todos ellos los movimientos de Pavel, así como su domicilio, por lo que no será muy dificultoso salirle al encuentro, interceptarlo y obligarlo a subir en la furgoneta, luego llevarlo a las afueras de la ciudad hasta una vieja fábrica abandonada, que ya conocen, y darle la información. Después, lo dejarán allí abandonado y sin armas y desaparecerán sin más.&lt;br /&gt;Pavel no tendrá oportunidad de reconocer a ninguno de ellos ya que irán con el rostro cubierto por pasamontañas.&lt;br /&gt;Una vez ultimados los detalles, el que parece ser el jefe del grupo recita una plegaria extraída del Corán que porta consigo, el resto la recita al unísono con verdadera devoción. Palpan sus ropas para asegurarse que las armas cortas que llevan están en su sitio y sin más preámbulos salen a la caza de Pavel camuflados en la furgoneta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL SECUESTRO DE PAVEL KAPITSA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las pesquisas de Nikolái, el periodista, han dado su fruto. No tarda más de dos horas en llamar al teléfono móvil de su amigo para, sin desvelar la fuente, darle toda la información de la que ha hecho acopio. En efecto, desde hace años el ejército se ha venido dedicando a través de su equipo de científicos, a la investigación para la guerra, a desarrollar un virus con las características anunciadas por el superviviente del tren. Todo encaja sin duda alguna: el plan contra el pueblo de Jamila es una triste realidad. El alto mando del Estado Mayor del ejército está al corriente de la aplicación de tan monstruoso plan. El atentado inesperado abortó la misión y ahora el trabajo de Pavel no es más que una mascarada para desviar la atención internacional del verdadero fin o propósito.&lt;br /&gt;Una cosa era la lucha incansable contra los terroristas, su apresamiento e incluso ejecución, otra muy distinta ser cómplice de tamaño genocidio. Si el experimento daba resultado; un pueblo entero de varios millones de seres humanos sería borrado de la faz de la Tierra.&lt;br /&gt;Pavel no puede concebir que esté toda la cúpula del poder implicado en esa barbarie, por lo que decide que debe informar a las altas instancias. Cree que lo mejor será ir al delegado de Gobierno de la ciudad y ponerlo en su conocimiento para que decida si debe dejar el caso.&lt;br /&gt;Toma su automóvil y se dirige en busca de la avenida Perestroika, arteria principal de la ciudad que parte a ésta en diagonal de Este a Oeste. Allí están los principales edificios oficiales.&lt;br /&gt;No ha recorrido más de dos travesías, cuando llega a un espacio abierto que da al río que separa el barrio donde está del núcleo central de la ciudad. Se dispone a atravesar el pequeño puente metálico para peatones y automóviles, cuando ve pasar a excesiva velocidad y por su lado izquierdo, una furgoneta que acto seguido, y después de un fuerte derrape, se posiciona delante de él interceptándole el paso. Pavel no tiene tiempo de reaccionar, cuando va a echar mano de su arma cuatro figuras encapuchadas y con armas en las manos le apuntan al unísono. Levanta las manos y a la indicación de uno de los terroristas sale de su vehículo. El mismo individuo se acerca, le quita el revolver, le coloca unas esposas dejando que mantenga las manos por delante y le conduce al interior de la furgoneta con gesto enérgico.&lt;br /&gt;Cuando están todos dentro, el vehículo se pone en marcha.&lt;br /&gt;Una voz de mujer, tras el pasamontañas que solo deja ver unos ojos almendrados, se dirige a él:&lt;br /&gt;—Tenemos que informarle de algo grave. Si no hace ninguna tontería no le haremos ningún daño. Una vez le hayamos informado del motivo por el que le hemos secuestrado, le dejaremos en libertad y desapareceremos.&lt;br /&gt;Pavel mira los ojos de Jamila queriendo adivinar de qué activista fichada se trata, pero no dice nada. Está en sus manos y lo más prudente será esperar acontecimientos. En su tobillo derecho permanece, como recurso de emergencia, la pequeña y discreta pistola enfundada.&lt;br /&gt;La furgoneta retrocede sobre sus pasos y tuerce a la izquierda por el margen del río, camino de una zona industrial casi abandonada, con destino a la vieja y solitaria fábrica. La distancia no es más de un par de kilómetros. Salen de los últimos edificios del barrio para a continuación, y dejando el asfalto, tomar un sendero que transcurre a campo abierto donde el paisaje es de escasa vegetación. Apenas han recorrido doscientos metros, cuando el que conduce alerta al resto al ver detrás de él un coche de cristales ahumados que, al parecer, les sigue.&lt;br /&gt;—Toma el camino de la derecha, comprobaremos si nos siguen—ordena el jefe del comando.&lt;br /&gt;No solo comprueban que son seguidos de cerca, sino que el otro vehículo acelera la marcha con clara intención de acercarse más. El chofer de la furgoneta acelera sin esperar órdenes y sus seguidores hacen lo mismo. De una patada del hombre más cercano a la parte trasera de la furgoneta, se abren las dos puertas al mismo tiempo que dos de los terroristas abren fuego a discreción contra el parabrisas del coche negro. Sus dos ocupantes apartan la cabeza y el automóvil se hace a un lado del camino para esquivar el tiroteo. El acompañante del conductor queda inmóvil, la cabeza ladeada hacia la ventanilla. Está muerto, con un orificio en la sien izquierda. Su compañero, transfigurado el rostro de ira, acelera hasta posicionarse junto al conductor de la furgoneta y vacía un cargador contra él. La fina chapa de la furgoneta da entrada fácilmente a uno de los proyectiles, el cual se aloja en la espalda de uno de los terroristas que está posicionado frente a Jamila, hiriéndolo gravemente. Cae en sus brazos vomitando sangre. El conductor recibe el impacto en el cuello a través de la ventanilla. Como último reflejo, antes de desplomarse sobre el volante, su pie se aferra al pedal del freno clavando las ruedas del vehículo, que a punto está de volcar al derrapar las ruedas traseras en el camino arenoso que recorre.&lt;br /&gt;El conductor del vehículo oscuro pierde el control después de virar bruscamente para apartarse del ángulo de tiro de sus enemigos y no puede impedir, aún frenando en seco, caer lentamente por la suave pendiente que da al río. Queda abajo, dentro del vehículo semi volcado y a escasos metros del agua.&lt;br /&gt;Enfurecidos los dos integrantes del comando que quedan con vida, el que hace de líder y Jamila, se acercan al borde de la pendiente cuando el hombre trata de salir por una ventanilla del vehículo. Lo matan sin piedad descargando, desde donde están, lo que les queda de munición.&lt;br /&gt;Cuando vuelven a la furgoneta para comprobar que su rehén sigue allí, éste parece no haberse movido de la posición en que lo dejaron; sentado en el suelo del vehículo, con las rodillas flexionadas a la altura de la cara y las manos unidas y recogidas en el pecho. El líder pone un pie en el pescante de la parte trasera a la vez que se afianza con ambas manos en el marco de la puerta de la furgoneta con intención de subir. En el momento en que se va a dar impulso, el tremendo impacto en el pecho de una bala disparada a menos de dos metros de él lo lanza hacia atrás dejándolo en el suelo sin vida. Jamila quiere reaccionar con su arma pero no tiene munición, la ha desperdiciado ensañándose con el superviviente del coche que les seguía. Recibe un disparo en pleno rostro antes de ser consciente de que está muerta.&lt;br /&gt;Pavel baja al suelo y va hasta el vehículo del río descendiendo con dificultad el terraplén y sin soltar su arma, como precaución. Se acerca y comprueba que los dos ocupantes están muertos. El conductor cuelga por la ventanilla, apoyado a la altura del vientre y los brazos hacia el suelo. Pavel hurga en el bolsillo interior de la chaqueta del hombre y extrae su cartera, no hay duda alguna; era un agente del servicio secreto, igual que su compañero.&lt;br /&gt;Por primera vez tiene la certeza de lo que antes intuyera. Recuerda haber visto el auto venir en dirección contraria cuando se dirigía a la morgue, así como las ocasiones en que estaba estacionado por donde él se movía. Avisado por el instinto, se aleja de allí antes de que aparezca la policía alertada por el tiroteo. Lo hace poniéndose a cubierto a través de la espesura de la vegetación, siguiendo el curso del río y en dirección a la zona industrial. Tiene que alejarse y pensar, tomar una decisión, su vida corre peligro si lo encuentran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL ESCONDITE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llega por fin a la zona industrial y no le resulta difícil encontrar un lugar donde cobijarse ya que la mayoría de las naves, que antaño fueran fábricas de plena actividad, ahora no son más que refugio de ratas. Sube a la primera planta de un edificio elegido al azar y busca por todos sus rincones hasta hallar los restos de una vieja máquina herrumbrosa que dispone de una especie de guillotina accionada por palanca. Da resultado y, aunque no sin esfuerzo y algún rasguño, consigue quitarse las molestas esposas que le pusieron los terroristas. Se acerca a una de las ventanas del ala sur desde donde se divisan a lo lejos los vehículos abandonados. Ve también que hay movimiento de personas en la zona; probablemente policías. Tiene la esperanza de que a nadie se le ocurra seguir su rastro hasta allí, ya no está seguro de nada y desconfía de todos. Tiene que tomarse un tiempo para pensar; cree capaces a los responsables de Inteligencia de eliminarlo puesto que está al corriente de un asunto de máxima gravedad. A estas alturas saben de su secuestro, la prueba es que conociendo sus perseguidores que él se encontraba dentro de la furgoneta; no dudaron en disparar de forma indiscriminada, es más; está seguro que más que a los terroristas, era a él a quien les interesaba eliminar.&lt;br /&gt;Está acorralado, no puede confiar en nadie y la única alternativa para no correr peligro es salir del país. Pero para ello necesita ayuda.&lt;br /&gt;El nombre de su amigo Nikolái aparece como una tabla de salvación a donde aferrarse. Si en alguien puede confiar ahora es en su amigo y periodista Nikolái. No solamente conseguirá a través de él una identidad falsa para escapar, sino que le dará todos los detalles de su investigación como seguro de vida por si dan con él. Teniendo la información comprometedora para el Gobierno a buen recaudo, no se atreverán a quitarlo de en medio.&lt;br /&gt;Convencido de que es lo mejor que puede hacer, toma su teléfono y marca el número de su amigo sin dudar.&lt;br /&gt;—Nikolái al habla, diga.&lt;br /&gt;— ¡Nikolái, estoy en una situación desesperada, necesito tu ayuda!&lt;br /&gt;— ¿Qué ocurre Pavel? Me estás preocupando ¿Dónde estás?&lt;br /&gt;—No puedo decírtelo por teléfono. Tenemos que vernos cuanto antes, es una situación de emergencia, no puedo decirte más. Espera un par de horas y volveré a llamarte desde un teléfono que no esté intervenido. Luego seré más explícito.&lt;br /&gt;—Está bien, está bien, espero tu llamada. Cuídate.&lt;br /&gt;Pavel piensa que lo mejor será esperar a la oscuridad de la noche para moverse, salir de allí en busca de una fábrica donde haya un teléfono que esté operativo es arriesgado ya que alguien puede sospechar de él si le viera merodear por la zona y avisar a la policía.&lt;br /&gt;Se deja caer en una vieja mesa de trabajo y trata de serenarse y ordenar sus ideas mientras hace tiempo para que se oculte el sol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasado un tiempo prudencial, sale del edificio en ruinas y se aleja en busca de una zona donde, a primera vista, una de las naves parece la idónea para su plan. La conservación del edificio hace suponer que allí hay actividad. El personal ya no está y no hay luces encendidas. Se acerca sigiloso hasta descubrir una pequeña puerta en la parte trasera. No le cuesta mucho trabajo forzar la cerradura y entrar. Va preparado con su arma en la mano por si encuentra el obstáculo de algún inoportuno vigilante que le sorprenda, pero no hay nadie. Aunque sin luz, por los ventanales entra el suficiente reflejo de la Luna como para guiarse por las instalaciones de lo que parece ser un taller de montaje de maquinaria. Sube al piso de arriba y va hasta la mesa de una oficina donde encuentra un teléfono.&lt;br /&gt;Marca el número de Nikolái y se pone en contacto con él. Nikolái, siguiendo sus instrucciones, esperaba esa llamada al otro lado del hilo telefónico en su despacho de la redacción de la cadena de televisión donde trabaja.&lt;br /&gt;Pavel le advierte de antemano que se procure una grabadora, la cual ya tiene sobre su mesa Nikolái, acostumbrado como está a esas situaciones.&lt;br /&gt;Después, Pavel comienza a relatar a su amigo todo lo ocurrido hasta ese momento de la investigación. No omite nada de lo averiguado ni de sus sospechas fundadas de que han intentado eliminarlo. Así mismo, le propone que en el caso de que fuera detenido podría negociar con el servicio de Inteligencia si tenía a buen recaudo esa información privilegiada y amenazaba con distribuirla a través de su contacto por las televisiones y diarios extranjeros. Le hace ver que la grabación que tiene ahora en sus manos Nikolái es su seguro de vida.&lt;br /&gt;— ¡Esto es una bomba, Pavel!—dice casi gritando su amigo desde el otro lado del teléfono.&lt;br /&gt;—Lo es, pero nada de todo eso tiene que salir a la luz pública nunca, solo es una tabla de salvación donde agarrarme en caso extremo.&lt;br /&gt;—No te preocupes amigo, lo guardaré con siete llaves. Estando en mis manos, tu secreto está a salvo. Ahora dime; ¿qué necesitas, dónde nos vemos?&lt;br /&gt;—Tienes que conseguirme una identidad falsa y un pasaje a cualquier ciudad europea en el mínimo tiempo posible. Estoy en una zona industrial, a dos kilómetros de Cravia, hacia el norte. Cuando tengas lo que te he pedido me llamas a mi teléfono móvil y fijamos un lugar de encuentro, ¿de acuerdo?&lt;br /&gt;—No te preocupes, creo que en menos de veinticuatro horas podré darte noticias. Solo es cuestión de sobornar a algún funcionario corrupto—responde Nikolái dando ánimos a Pavel.&lt;br /&gt;—Te deberé una, amigo.&lt;br /&gt;—No me deberás nada.&lt;br /&gt;Pavel cuelga el teléfono y desanda sus pasos hasta salir a la calle, no sin antes asegurarse que nadie anda por allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL REENCUENTRO CON LA BESTIA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vuelve de nuevo al lugar que le sirve de escondite y busca la mejor manera de protegerse del frío que ya empieza a ser más intenso a medida que avanza la noche. Será, tal vez, la noche más larga de su vida.&lt;br /&gt;Se quita el grueso abrigo y busca refugio en un rincón donde hay una pila de cartón usado para embalaje. La estancia, un pequeño cuarto sin ventanas, favorece sus planes; hace una pequeña fogata con pedazos de cartón y restos de madera que hay esparcidos por todas partes. Una vez instalado en un rincón, se acurruca frente al fuego y se cubre de cuerpo entero con su abrigo. Es la única manera de no perecer congelado durante la noche pues las temperaturas suelen bajar sobre los menos—quince grados en esa época del año.&lt;br /&gt;La puerta de acceso al cuartucho queda frente a las ruinas de una enorme prensa metálica en desuso, lo que favorece que ninguna fuga de resplandor del fuego delate su presencia a través de las ventanas. Pavel sabe que no descansarán hasta dar con su paradero. Toda precaución es poca.&lt;br /&gt;Se hace el silencio, solo el débil crepitar del fuego atrae su atención. Pasan los minutos y un sopor relajante se apodera de él llevándolo poco a poco a un estado mayor de somnolencia. Comienza a sentir el agradable bienestar que antecede al sueño profundo. Sus parpados caen, para abrirse de nuevo y fijar la atención en la llama. Apenas da la primera cabezada, cuando algo parecido a un gruñido le sobresalta. Se pone alerta, pero no mueve un músculo, de momento cree que se trata de una alucinación producida por el estado de semiinconsciencia en que está. Agudiza el oído hasta erizársele los cabellos de la nuca; de nuevo un jadeo o ronquido, esta vez más sonoro y cercano llega desde la puerta. No hay duda; algún animal merodea por allí, tal vez un perro vagabundo lo haya olfateado y busca a su presa. Instintivamente desenfunda su arma y pone el dedo en el gatillo apuntando hacia la entrada.&lt;br /&gt;Otro ronquido, más fuerte aún, termina por erizarle el cabello hasta sentir la presión en la nuca como si tiraran de su piel con fuerza.&lt;br /&gt;Queda espantado cuando en el umbral de la puerta ve la aparición: un ser monstruoso le mira con rabia animal, babeando espuma por la boca. Es humano, pero su apariencia se asemeja más a la de una fiera diabólica. Su cabeza roza el marco de la puerta y parece que las dimensiones de ésta son insuficientes para dejar pasar a un cuerpo tan exageradamente musculoso como ese. Sin más preámbulos, la aparición se abalanza con furia irracional hacia su presa, Pavel dispara tres veces consecutivas aún a riesgo de delatar su posición a los posibles perseguidores. Tres disparos a bocajarro no son suficientes para detener la salvaje furia del extraño ser. Sujeta a Pavel por el cuello con ambas manos y lo levanta en el aire rugiendo como un toro herido. Cuando parece inevitable la muerte de Pavel, el monstruo da un alarido, cierra los ojos a la vez que aprieta los dientes en un gesto de dolor profundo, como si algo le atravesara en su interior, luego da dos pasos vacilantes y se derrumba en el suelo al mismo tiempo que suelta a su presa.&lt;br /&gt;Una vez en el suelo, su cuerpo se contorsiona espasmódicamente a la vez que gruñe y vomita espuma. Parece que está sufriendo un ataque de epilepsia. La primera intención de Pavel es descargar sobre la bestia las dos balas que le quedan, pero se detiene al reconocerlo. Aunque sucio y deforme, como si hubiera sufrido alguna forma extraña de mutación, no hay duda de que se trata del superviviente del tren, el hombre con el que se encontró y le contó la increíble historia del experimento humano. ¿Cómo es posible que esté vivo después de los disparos que recibió en el pecho y de la tremenda caída desde el apartamento hasta la calle? Él vio con sus propios ojos como, después de desplomarse y acercarse junto a su cuerpo, tenía todas las señales de estar muerto. Pero el cuerpo no apareció y el forense no sabía nada de ese individuo. Pavel no tiene más remedio que aceptar lo que es evidente; está allí a sus pies, con tres disparos más y vivo.&lt;br /&gt;Por la suciedad de su vestimenta, deduce que escapó de la ciudad y fue a refugiarse por la zona pantanosa cercana al río y de alguna manera siguió su rastro hasta dar con él. Tal vez lo buscaba para pedirle ayuda y él se precipitó al dispararle sin esperar más. ¡Claro que, ante una aparición así en la noche, quien no hubiera hecho lo mismo!&lt;br /&gt;De pronto, el hombre se queda inmóvil, cesan las convulsiones y una vez se relaja su cuerpo, solo un leve ronquido señala que sigue vivo. Pavel, arma en mano, decide esperar a ver que ocurre. No pasa ni un minuto hasta que el corpulento personaje se incorpora pesadamente, con lentitud, parece agotado. Tiene motivos, no es para menos; tres disparos recibidos y un ataque epiléptico hacen mella, pero milagrosamente puede ponerse de nuevo en pie.&lt;br /&gt;Ahora su aspecto no parece tan amenazador, el gesto de la cara se ha suavizado, la mueca salvaje de antes ahora se ha transformado en otra distinta; de sentimiento profundo, de abatimiento. Su mirada implora ayuda. Pavel se sobrecoge por ese cambio de actitud y no tiene reparo en bajar su arma y enfundarla, algo en el hombre despierta su ternura y ahora lo ve como a un niño perdido que se aferra a la mano de cualquiera que pase junto a él.&lt;br /&gt;El hombre, como una fiera herida, retrocede hasta colocarse en el rincón donde intentó dormir Pavel, se sienta en el suelo y pone sus manos delante del rostro para ocultar que está llorando. El investigador lo observa con más detenimiento y descubre un desarrollo sobrenatural en todos sus miembros; los bíceps, pectorales, pantorrillas, todo él es un puro músculo digno de las más exageradas películas de seres de ficción con poderes extraordinarios.&lt;br /&gt;—Lo que le conté es cierto—una voz ronca, profunda pero serena, resuena en el pequeño cuarto.&lt;br /&gt;— ¿Puede hablar?—es lo único que a Pavel se le ocurre preguntar.&lt;br /&gt;—Cuando recupero la consciencia sí.&lt;br /&gt;— ¿Qué le sucede?&lt;br /&gt;—Es el efecto del maldito veneno que me pusieron. Se trata de alguna potente droga que hace que me convierta en un animal, no puedo controlarlo, va y viene.&lt;br /&gt;— ¿Esos cerdos le hicieron eso?&lt;br /&gt;— ¿No me ve? Soy un monstruo, cada día que pasa crece esa monstruosidad dentro de mí y va anulando poco a poco al de antes. He pasado dos días en los pantanos como una alimaña, alimentándome de carroña. Mi cuerpo no deja de aumentar de tamaño, no me reconozco a mí mismo. Ni siquiera las balas me detienen, soy un anormal que debe esconderse de las miradas ¿A dónde puedo ir sin llamar la atención?, no tengo escapatoria, estoy condenado a huir ¿Pero a dónde?&lt;br /&gt;—Aunque le parezca extraño le comprendo, yo estoy en la misma situación—se lamenta Pavel.&lt;br /&gt;El hombre no dice nada, sigue en la misma postura; con las manos ocultando su rostro.&lt;br /&gt;Pavel vuelve a cubrirse con el abrigo y se dispone a pasar el resto de la noche sabiendo que le será imposible dormir. Como precaución toma el arma en una mano.&lt;br /&gt;Observa al visitante y no ve huella alguna de los disparos en su pecho desnudo. “Esto es cosa de locos”—piensa—pero lo que tiene delante de sus ojos es una realidad; acertó los tres disparos en el plexo solar de su atacante y no hay señal alguna que lo demuestre. ¿Qué diabólico experimento está llevando a cavo su gobierno?&lt;br /&gt;No tiene más tiempo para pensar, una orgía de luz y sonidos alarma a los dos hombres, que saltan instintivamente para ponerse en pie. Por las cristaleras de la planta en que están entra un haz de luz que va barriendo de punta a punta el techo iluminándolo todo como a pleno día. Abajo en la calle el griterío de hombres y perros de rastreo, se mezcla en una jauría mixta de animales y humanos acompañados de los destellos azules intermitentes de coches policiales.&lt;br /&gt;Están buscando a Pavel, y tal vez al superviviente también.&lt;br /&gt;No hay tiempo para pensar en estrategias, si no actuar a prisa.&lt;br /&gt;Se deslizan a toda velocidad a la planta baja y buscan desesperadamente una salida que no esté a la vista, pero comprenden que están rodeados por todas partes. Pavel, con la mirada extraviada queriendo ver en todas direcciones a la vez, trata de encontrar algo, pero no hay escapatoria. En cualquier momento derribarán una de las puertas y estarán perdidos. Mientras, el hombre musculoso levanta la enorme reja que tapa un sumidero del suelo y que con toda seguridad comunica con una cloaca que conduce hasta el río. Pavel no tiene que esperar la indicación del otro para tirarse sin pensar, detrás de él al interior del pozo. No es muy profundo. Caen casi al mismo tiempo a las aguas infectas, y sin dudarlo comienzan a nadar por un estrecho túnel, en la total oscuridad, sin saber a ciencia cierta a donde conduce.&lt;br /&gt;Ellos no lo saben, pero a unos cien metros desembocan en otro túnel de mayores dimensiones, el cual trae una fuerte corriente que los arrastra sin esfuerzo por su parte a la desembocadura del río.&lt;br /&gt;Desde la salida de la cloaca principal son expulsados hasta una especie de laguna que comunica con la corriente del río. Pavel nada un trecho por las inmundas aguas hasta alcanzar la orilla, el lodo le llega casi a las rodillas a cada paso que da para salir de allí. Cuando alcanza la primera vegetación la tierra es firme. Sube a un pequeño montículo y desde allí busca con la mirada al hombre que venía con él y lo ve flotando, con la cara hundida en el agua, sin movimiento de piernas ni brazos, dejándose arrastrar por la corriente, río abajo.&lt;br /&gt;Luego, Pavel toma un sendero en dirección al río y se lanza a sus heladas aguas. Aunque la turbulencia le impide nadar en línea recta, puede alcanzar la otra orilla cien metros más abajo ganando terreno poco a poco trazando una diagonal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA DETENCIÓN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La policía entró en la nave donde se escondía Pavel y registró minuciosamente todas las dependencias. Encontraron su abrigo cerca de la pequeña fogata, que aún permanecía encendida. Luego descubrieron el sumidero abierto, no les fue difícil adivinar que se comunicaba con un ramal principal y que este, a su vez, desembocaba más abajo; en el río. Rastreando por la zona, y ayudados por perros que previamente habían olido el abrigo del fugitivo, llegaron a la certeza de que este estaba vivo y había atravesado a la otra orilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mijail establece comunicación con el helicóptero policial que rastrea desde baja altura toda la zona, provisto de un potente reflector.&lt;br /&gt;Abajo, el reguero entre la maleza es la señal inequívoca de que alguien se abre paso. El aparato desciende a veinte metros y descubren a un hombre tumbado sobre la hierba. Es Pavel, extenuado y a punto de congelarse. Cuando llegan hasta él, las partículas de agua que lo empapan están empezando a cristalizarse sobre sus ropas, manos y cara. Tiembla convulsivamente y permanece en posición fetal, con los ojos abiertos por la incertidumbre de lo que le espera, ahora que ha sido descubierto.&lt;br /&gt;El acompañante del piloto va hasta el helicóptero y trae una manta con la que cubre a Pavel e intenta que se incorpore para trasladarlo al aparato. El piloto, mientras tanto, avisa a una ambulancia. Luego se pone en comunicación con su jefe Mijail para darle novedades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EN EL HOSPITAL&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Pavel despierta en el hospital, veinte horas después de ser rescatado y llevado urgentemente en estado peligroso de hipotermia, lo primero que ve es el serio rostro del jefe de policía.&lt;br /&gt;— ¡Por fin!—dice Mijail al ver que abre los ojos— ¡Ha organizado usted una buena!, caso cerrado, tengo que reconocer que lo ha solventado en un tiempo record. Aunque ha costado la vida a dos agentes del servicio secreto—añade sin ánimo de culpabilizar a Pavel— Hemos hallado los cuerpos de cuatro terroristas de los cuales, según balística, dos de ellos eliminados con su arma de repuesto.&lt;br /&gt;No sé como lo ha hecho, pero estando en manos de esa gentuza ha tenido el valor de plantarles cara y ha conseguido acabar con éxito la investigación.&lt;br /&gt;— ¿Sabía usted que iba secuestrado en la furgoneta?—pregunta Pavel casi sin fuerza en la voz.&lt;br /&gt;—Lo dedujimos al encontrar su arma reglamentaria en poder de uno de los asesinos muertos. Al no encontrarle allí, supusimos que quedaba algún componente del comando y que lo tendría retenido, eso nos llevó a rastrear la zona hasta llegar donde abandonó su abrigo. No hemos encontrado ningún rastro del quinto hombre ¿sabe algo de él?—termina por preguntar Mijail.&lt;br /&gt;—No hay un quinto hombre, eran una mujer y tres hombres.&lt;br /&gt;— ¿Entonces porqué huyó?, ¿de quien huía?—a Mijail le desconcierta la respuesta.&lt;br /&gt;—Estoy muy cansado, ya le presentaré un informe detallado cuando salga de aquí—responde Pavel mintiendo adrede, ya que su intención es la de no permanecer allí ni un minuto más.&lt;br /&gt;Mijail vuelve a sentir otra vez el efecto de antipatía que el investigador produce en él ante su negativa a esclarecer los detalles.&lt;br /&gt;—Espero que se restablezca pronto y se reincorpore a su trabajo. Buenos días—dice como despedida. Luego abandona la habitación sin más.&lt;br /&gt;Solo cerrarse la puerta, Pavel desconecta el pequeño tubo embutido en el catéter de su muñeca, por donde se le suministra suero, salta de la cama y sus rodillas flaquean por un instante. Se acerca a la ventana y ve que está en un primer piso, la cornisa es amplia y el salto no entraña ningún peligro. Tiene que salir de allí inmediatamente y dirigirse a la lavandería del hospital para recuperar su ropa. Y si no la suya, cualquier otra que le permita circular sin llamar la atención. Imagina que la puerta de su habitación está custodiada por uno o dos policías, por lo que es más seguro fugarse por la ventana. A esas alturas, todavía sigue creyendo que corre peligro. Descarta a Mijail como implicado en la trama, ya que ha tenido ocasión de sobras de liquidarlo desde que fue encontrado, pero no está tan seguro de los agentes de Inteligencia, pues estos reciben órdenes directas de más altas instancias.&lt;br /&gt;Recuerda que tenía una llamada pendiente con su amigo Nikolái para encontrarse y que le proporcionara una nueva identidad para salir del país. Su teléfono no está ya que quedaría en el interior de sus prendas de vestir, si no las recupera cuanto antes; alguien podría averiguar con quien habló la última vez que lo utilizó y eso podría complicar la vida a Nikolái. No lo piensa más; abre la ventana y se desliza hasta el jardín, luego, amparado por la vegetación, localiza las dependencias de la lavandería y se acerca hasta allí sin pensarlo dos veces.&lt;br /&gt;No hay nadie trabajando es ese momento, solo las máquinas están activas en el interior del edificio.&lt;br /&gt;Desechando la ropa blanca de hospital, no tarda mucho en encontrar la suya en uno de los contenedores que hay junto a las lavadoras de tamaño industrial. Las prendas están en lamentable estado debido a las peripecias por las que pasaron la noche anterior. No le importa, rebusca en los bolsillos, pero el teléfono móvil no está.&lt;br /&gt;Después de vestirse y dejar el pijama de hospital, sale y accede a la calle salvando una pequeña valla del jardín.&lt;br /&gt;Lo primero es localizar una cabina telefónica y llamar a Nikolái. No es fácil ya que el hospital está ubicado en la parte norte de la ciudad, apartado de las zonas edificadas y de más transito. No piensa desistir, por lo que se encamina en dirección al primer barrio que desde donde está divisa a menos de un kilómetro.&lt;br /&gt;Apenas entra en la primera calle, encuentra lo que busca; se introduce en la cabina y llama a la centralita para hacer una conferencia a cobro revertido.&lt;br /&gt;—Nikolái, dígame.&lt;br /&gt;—Soy Pavel…&lt;br /&gt;— ¡Pavel, por Dios, llevo más de veinticuatro horas esperando tu llamada! ¿Dónde estás?, ¿qué ha pasado?&lt;br /&gt;—Espera, espera, ya habrá tiempo de hablar de eso ¿tienes lo que te pedí?&lt;br /&gt;— ¡Sí, sí, no hay problema, solo dime donde nos vemos y acudo lo más rápidamente posible! ¿Has tenido ocasión de ver las noticias en televisión? el caso está resuelto, el jefe de policía Mijail Glinka y sus hombres han acabado con el comando terrorista que atentó contra el tren de Cravia.&lt;br /&gt;— ¿Cómo dices?—Pavel no puede creerlo.&lt;br /&gt;— ¿No sabes nada del asunto?&lt;br /&gt;—No, pero no me extraña ya nada después de cómo ha ido toda esta locura.&lt;br /&gt;—A ti no te nombran, es como si no hubieras estado nunca en el caso—advierte Nikolái a su amigo.&lt;br /&gt;—Eso refuerza más mi sospecha de que Mijail está también implicado, aunque casi lo descarté por un momento. He hecho bien en salir del hospital—responde Pavel como reflexionando para sí mismo.&lt;br /&gt;—No perdamos más tiempo—urge Nikolái— ¿dónde puedo encontrarte?&lt;br /&gt;—Esta noche en el mismo lugar que te indiqué ayer, es el más seguro, no creo que vuelvan a buscarme de nuevo allí, será el último lugar en el que pensarán. Ven a las doce, yo te encontraré a ti. Gracias por todo.&lt;br /&gt;—Ten cuidado, suerte.&lt;br /&gt;Pavel cuelga el teléfono con la seguridad de que su amigo tomará un vuelo desde la ciudad donde está, a trescientos kilómetros de él y que no faltará a la cita. Toma un puente que atraviesa el río y va caminando hasta la otra orilla para acceder luego al sendero que ya conoce, entre la maleza, y se dirige a la zona industrial.&lt;br /&gt;Cuando llega al escondite, un automóvil, de similares características al que le estuvo siguiendo días atrás, está estacionado en la puerta principal de la nave.&lt;br /&gt;Pavel retrocede alarmado, inmediatamente salen dos hombres impecablemente vestidos con traje oscuro y un arma en sus manos. Cuando el investigador hace intento de retroceder, un coche policial le cierra el paso por detrás. Pavel queda entre dos fuegos, a mitad de camino de los dos vehículos. El jefe Mijail sale del asiento trasero del coche policial empuñando un arma. Pavel se queda inmóvil, no tiene escapatoria. Los dos hombres se acercan para esposarlo como medida de seguridad. Mijail lo conduce al interior del coche y a continuación se sienta a su lado. El chofer inicia la marcha hacia Comisaría.&lt;br /&gt;Mijail no dice nada en el corto trayecto.&lt;br /&gt;Pavel parece haber perdido la capacidad de razonamiento por el cúmulo de despropósitos vividos en las últimas horas. En su cabeza se mezcla todo en una orgía imposible de controlar. Está en un laberinto mental difícil de asimilar, todo se viene abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EN COMISARÍA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pavel ha sido conducido a los sótanos de la Comisaría, a una sala de interrogatorios. Está sentado y esposado frente a Mijail. Los dos hombres se miran desafiantes, sin decir palabra alguna.&lt;br /&gt;Después de un incómodo silencio, Mijail se decide a continuar el interrogatorio:&lt;br /&gt;—Si persiste en su actitud y no me quiere revelar lo que le informaron los terroristas cuando estuvo en su poder, no podré hacer nada por usted, sino entregarlo al servicio de Inteligencia y que ellos se ocupen –insiste el jefe por enésima vez.&lt;br /&gt;Pavel sabe que si le dice que está al tanto de los planes secretos del Alto Mando, su vida corre peligro, por lo que adopta una postura autista, no hace ni el más mínimo gesto y está mudo como una tumba.&lt;br /&gt;— ¿Porqué volvió a la fábrica?, ¿con quien esperaba encontrarse allí?—insiste Mijail exasperado por la negativa del interrogado a cooperar.&lt;br /&gt;Hace dos horas que Mijail intenta sonsacar a Pavel cualquier detalle que le pueda ser útil en el futuro sobre las intenciones de los terroristas y está convencido de que Pavel tuvo alguna charla con ellos. Pero se da por vencido, el interrogado está bien adiestrado y no suelta prenda.&lt;br /&gt;Mijail hace una seña hacia el espejo que tiene enfrente y aparecen los dos hombres que le ayudaron a detener a Pavel.&lt;br /&gt;—Es cosa de ustedes—dice Mijail con tono de darse por vencido. Yo no puedo hacer nada más.&lt;br /&gt;—No se preocupe, usted ha cumplido con su parte—responde uno de ellos al tiempo que posa una mano en el hombro del detenido para decirle: — ¡andando, acompáñenos!&lt;br /&gt;Pavel no ofrece resistencia, se levanta y acompaña a los dos agentes. Luego suben las escaleras y llegan hasta un pasillo en el que a ambos lados hay oficinas. Pavel para en seco haciendo que los dos hombres lo hagan también. Tras la vidriera de una de las oficinas ve a Gari, el forense, hablando animadamente con un oficial administrativo de la policía. Gari porta unos documentos en su mano. El forense gira la cabeza instintivamente y enarca las cejas, como sorprendido al ver a Pavel escoltado y esposado. Los dos agentes le empujan tirando de sus dos antebrazos para que siga caminando.&lt;br /&gt;Salen a la calle y lo introducen en un vehículo para, inmediatamente, perderse calle abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;NIKOLÁI MORITSÉVICH&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nikolái Moritsévich, flamante director de redacción de los informativos del canal de televisión privada en donde trabaja, reparte en su despacho las directrices a seguir en la edición del día. Sus colaboradores, sentados frente a él, aprovechan para felicitarle por su recién estrenado cargo.&lt;br /&gt;—El editorial de hoy irá a mi cargo, se tratará el tema del atentado terrorista del tren con destino a Chechenia y de la brillante labor de investigación y resolución del caso por parte de Mijail Glinka, jefe de la Policía local de la ciudad de Cravia, a quien debemos la eliminación de un comando asesino de los más peligrosos. Estamos de enhorabuena, podemos respirar tranquilos durante una buena temporada, pues entre los componentes del grupo abatido había uno de los principales cerebros de la organización.&lt;br /&gt;Los demás asienten complacidos por la noticia.&lt;br /&gt;Cuando marchan del despacho, Nikolái extrae una diminuta cinta magnetofónica de su bolsillo y después de observarla con una sonrisa, vuelve a guardarla y se arrellana en su confortable sillón de orejeras. Su cara deja entrever satisfacción y su mirada perdida en el techo parece evocar extraños recuerdos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PAVEL KAPITSA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pavel fue entregado por sus acompañantes al departamento de la Policía judicial. Después de una larga declaración en la que relató todos los detalles de su investigación, fue enviado a un centro psiquiátrico del Estado, tras considerar el equipo médico oficial que había perdido la razón, ya que su historia rebasaba los límites de la cordura.&lt;br /&gt;Hoy en día permanece allí en espera de su restablecimiento psíquico, si es que eso fuera posible algún día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ANDRÉI MENDELÉIEV&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Varios kilómetros río abajo, en un recodo de agua estancada donde los restos de todo tipo son empujados por la corriente, mezclado entre las inmundicias, está el cuerpo desmadejado de un ser con apariencia animal. Yace de costado y sus extremidades permanecen sumergidas. Algunas alimañas carroñeras esperan pacientemente que cese el leve movimiento de sus costillas para comenzar el festín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;FIN&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7363439391195945660-8650741025699629701?l=relatosdeandres.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://relatosdeandres.blogspot.com/feeds/8650741025699629701/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://relatosdeandres.blogspot.com/2009/08/la-encrucijada-de-pavel.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7363439391195945660/posts/default/8650741025699629701'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7363439391195945660/posts/default/8650741025699629701'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://relatosdeandres.blogspot.com/2009/08/la-encrucijada-de-pavel.html' title='La encrucijada de Pavel'/><author><name>Anhermart</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06192182634750852465</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/-ouYmkXyBSgs/TiPqQ8GL-TI/AAAAAAAAC6Y/Aw9dDw05dN4/s220/rut%25C3%25A9s-2.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_R0N_G_LfcZo/SoV80oGyC5I/AAAAAAAAAbs/PI0eYTvBx1E/s72-c/tren+ruso.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7363439391195945660.post-8446184839284853551</id><published>2009-08-07T02:04:00.000-07:00</published><updated>2009-08-07T02:24:35.422-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relato fantástico'/><title type='text'>El burlador de la muerte</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_R0N_G_LfcZo/SnvxqUiyAPI/AAAAAAAAAY4/JiAerz4FC8M/s1600-h/fabrica.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 219px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_R0N_G_LfcZo/SnvxqUiyAPI/AAAAAAAAAY4/JiAerz4FC8M/s320/fabrica.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5367149090313470194" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La fábrica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ya había obscurecido, la lluvia repiqueteaba en las claraboyas del techo de la vieja fábrica. Dentro, la penumbra era interrumpida a intervalos por los relámpagos. Hacía frío como de costumbre, por ello, el grupo de harapientos formaban un círculo en torno a una pequeña hoguera, calentándose antes de ir a dormir.&lt;br /&gt;Los habitantes del edificio fueron a parar allí arrastrados por historias personales desgraciadas. Una fábrica abandonada y saqueada hasta quedar a la vista su esqueleto, era el lugar ideal para cobijo de ratas humanas, así se sentían ellos; despreciados y desmotivados para seguir viviendo en una sociedad en la que nunca encajaron.&lt;br /&gt;Eran cinco personas, seis con el anciano. Apartado, pero cerca, un hombre de avanzada edad permanecía sentado en una caja de madera para embalaje, mirando al suelo    balbuceaba algo, como pensando en voz alta.&lt;br /&gt;No solía participar con el resto del grupo en sus charlas, era un solitario silencioso con el que  no contaban, estaba allí pero no existía.&lt;br /&gt;Inesperadamente aquella noche decidió salir de su autismo por algún motivo.&lt;br /&gt;— ¡Eh!, ¿lo habéis oído?, el viejo ha hablado.&lt;br /&gt;El resto de los compañeros dirigieron las miradas al que gritaba.&lt;br /&gt;—No digas tonterías— respondió uno de ellos malhumorado— el viejo no ha dicho una palabra desde que está con nosotros.&lt;br /&gt;—Te digo que ha hablado, ¡maldita sea!, decía no sé qué de una tal Mara…&lt;br /&gt;Todos rieron por el comentario de Manu, el más joven del grupo.&lt;br /&gt;Leo, el más veterano de todos ellos, se puso serio para preguntar:&lt;br /&gt;— ¿Estaba hablando o quieres hacerte el gracioso?&lt;br /&gt;Es verdad, estaba contando una historia de cuando era joven, dice que tenía una novia a la que quería mucho.&lt;br /&gt;—Está bien, te creo— dijo Leo— vamos a comprobarlo .Si es así, nos ha tomado bien el pelo el muy cabrito.&lt;br /&gt;Se acercaron curiosos al rincón donde el anciano solía dormir entre cartones y demás inmundicias.&lt;br /&gt;— ¿Decías algo abuelo?— preguntó Leo— nos pareció oírte antes y como es la primera vez, tenemos curiosidad por lo que dices.&lt;br /&gt;—Estoy recordando a Mara, pero vosotros no lo entenderíais.&lt;br /&gt;Quedaron boquiabiertos al comprobar que podía hablar. Desde que llegó al nido de ratas creyeron que era mudo, o sordo, nunca dijo una sola palabra. De eso hacía varios meses. Una noche lo encontraron refugiado en la nave industrial huyendo del frío, respetaron su avanzada edad y nadie puso pegas para que continuara allí&lt;br /&gt;Leo le contestó:&lt;br /&gt;— ¿No entenderíamos el qué?, dínoslo tú y lo comprobaremos.&lt;br /&gt;—Hablar es fácil, entender...no tanto— respondió sentenciando el anciano.&lt;br /&gt;— ¡Nos está llamando tontos!— se indignó Manu— ¿Te crees más listo que nosotros, viejo?&lt;br /&gt;— ¡Calla estúpido!— cortó Leo— deja de hablarle así y ten mas respeto. Que diga lo que quiera, ¿de acuerdo?&lt;br /&gt;—Si, tranquilo, es que no le veo la gracia, hace meses que lo conocemos y nunca ha dicho nada, y la primera vez que lo hace es para tratarnos de ignorantes.&lt;br /&gt;Leo se dirigió de nuevo al anciano:&lt;br /&gt;—Continúa hablando, te escuchamos.&lt;br /&gt;— ¿Hablar?, ¡ah sí claro! Hablar es algo que dejé de hacer tiempo atrás. En una ocasión estuve veinte años sin comunicarme con nadie. Estaba en un mundo de soledad, oscuro y vacío. Eso fue mi vida durante aquellos años; vacío, nada. Ni un recuerdo siquiera. Años de mi vida robados sin compasión. ¿Cómo se le puede hacer algo así a nadie?&lt;br /&gt;— ¿Los pasaste en la cárcel? – preguntó Leo interesado.&lt;br /&gt;— ¡Oh  no!, fue mucho peor, ojala hubiera estado allí, por lo menos habría vivido el día a día.&lt;br /&gt;—No te entiendo— respondió Leo.&lt;br /&gt;—Ya te he dicho antes que entender no es fácil.&lt;br /&gt;—Yo creo que está chocheando— comentó otro que hasta ese momento permanecía en silencio al calor de la lumbre. Leo no le hizo el menor caso e insistió:&lt;br /&gt;— ¿Qué ocurrió en esos años?, ¿quieres contárnoslo?&lt;br /&gt;— ¿Puedo acercarme al fuego?— preguntó por respuesta— estoy helado.&lt;br /&gt;—Claro que si – le invitó amablemente su interlocutor. Los demás le hicieron un sitio refunfuñando.&lt;br /&gt;—Nos vas a soltar un rollo ¿eh viejo?— preguntó Manu para molestarle— seguro que nos cuentas una batallita, ¿no es eso?&lt;br /&gt;El líder del grupo volvió a mirarlo con gesto de disgusto.&lt;br /&gt;— ¡Aparta de mí, engendro impertinente!, no te mofes de mi desdicha que es la longevidad. ¡Ay de ti si hubieras conocido mis avatares en tus carnes…!—contestó el anciano como ausente.&lt;br /&gt;— ¿Qué me ha llamado…? ¡Este tío está loco, ahora habla como un poeta!&lt;br /&gt;—Puedes apodarme como gustes, pequeño ignorante, pero mejor será que calles tu grosera verborrea para que el conocimiento tenga entrada en esa atolondrada cabeza a través de mis palabras, tal vez te sirvan de algo las experiencias de mi azarosa vida. Los demás rieron con ganas ante el comentario, más por la humillación que sentía Manu que  por haberlo entendido. Malhumorado y victima de las risas de sus compañeros, el joven decidió alejarse hasta el rincón donde solía dormir. Se acurrucó en posición fetal, no sin antes taparse con una mugrienta lona para preservarse del intenso frío del interior del edificio.&lt;br /&gt;La lluvia seguía cayendo con idéntico ritmo, los demás, faltos de algo mejor en que ocupar el tiempo, decidieron seguir escuchando las sorprendentes palabras de Fran, que era el nombre del anciano.&lt;br /&gt;Echaron un par de tablas para avivar el fuego. Uno de los presentes sacó del bolsillo de su chaqueta una botella de vino barato y dio un trago, luego la  pasó a los otros, que bebieron  a morro, sin escrúpulos.&lt;br /&gt;Cuando llegó el turno a Fran, éste declinó la invitación con un gesto de la cabeza sin apartar las manos del calor del fuego. Formaban un semicírculo sentados sobre cajas  viejas de madera. Daban la espalda al recién acostado, Manu, ignorándolo.&lt;br /&gt;— ¿Qué esperáis? –Dijo Fran—, ¿queréis que os cuente cosas de mi vida?, ¿no tenéis nada mejor que hacer que escuchar tristezas? Estáis ahí callados, esperando que os divierta, y todo lo que puedo deciros de mi existencia es solo adversidad, no hay alegrías, no soy un viejo bufón  cargado de recursos para hacer reír. Las anécdotas de mi vida carecen de interés, todo lo que pueda contaros no os hará mas felices.&lt;br /&gt;—No creas que tu vida es especial, abuelo —respondió Leo en tono grabe – nuestras vidas son, tal vez, como la tuya. Cada uno de nosotros podría entristecerte con su relato, pero pocas veces tenemos oportunidad de comunicarnos con alguien. No sé como ha ocurrido pero aquí estamos, todos reunidos alrededor del fuego como una familia que escucha a sus mayores en una noche de invierno. Habla, cuéntanos algo, por lo menos yo quiero oír lo que dices. Tal vez sea porque desde que estás aquí siempre estuviste ausente, callado, o porque necesito que alguien me explique un cuento como cuando era un niño; no lo sé , pero me gustaría conocer tu historia .Te he observado en ocasiones sumido en una tristeza que se podía palpar, he visto tus ojos cansados como implorando  algo que no sé definir , pero que intuyo .Creo que tu relato debe ser terrible a juzgar por la expresión de dolor en tu rostro, te miro y no sé si tienes ochenta años o ciento veinte. Habla, te escucharé el tiempo que sea necesario, no me importa quitarle horas al sueño, tengo las que quiera  para dormir.&lt;br /&gt;—Dormir…—respondió para sí mismo Fran— dormir es no vivir, dormir es estar muerto, inmerso en la nada. Odio dormir desde que el sueño me apartó de Mara.&lt;br /&gt;— ¿Era tu mujer?— preguntó Leo&lt;br /&gt;—Si&lt;br /&gt;— ¿Hace tiempo que no la ves?— insistió.&lt;br /&gt;—Setenta interminables años, lo último que recuerdo de ella es el perfume de su cabello, el roce de su cabeza en mi hombro…&lt;br /&gt;— ¿Estás llorando? – le preguntó Leo.&lt;br /&gt;El anciano no contestó, por su mejilla resbalaba una lágrima abriéndose camino por los surcos de la piel.&lt;br /&gt;—Déjalo abuelo, si te tortura recordar no te insisto más.&lt;br /&gt;—No, quiero recordar, es lo único que me queda; quiero desahogarme de una vez por todas. Hace demasiado tiempo que no comparto algo con nadie, ¿quieres oírme ?...pues adelante, escucha lo que ha sido mi vida y aprovecha cuanto puedas de mis experiencias si te pueden servir.&lt;br /&gt;Dos de los presentes, que no estaban tan receptivos como Leo se retiraron  al unísono, bostezando uno y colocándose un pasamontañas el otro mientras se dirigían a sus “camas”. Quedó Leo, Fran -el anciano- y un tercero que consumía los restos de la botella, ajeno a la conversación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA DULCE MARA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Quería ser poeta— comenzó Fran su relato— en aquellos años no había nada tan importante para mi como Mara, y quería desarrollar mi sensibilidad para poderle expresar los sentimientos que despertaba en mi .Tenía 15 años cuando nos conocimos en el Instituto. No caeré en el tópico diciendo que era un chico tímido porque no es cierto, era atrevido con las muchachas, no tenía reparos en decirles cosas agradables a sus oídos. De manera que  solía tener cierto éxito con ellas .Pero Mara me frenaba, me gustaba tanto que sentía una punzada en el pecho cuando pensaba en ella , y quería decirle las palabras mas acertadas, las que mejor expresaran mi amor hacia ella.&lt;br /&gt;Componía pequeños sonetos que luego troceaba camino de la papelera, todo me parecía poco, exento de calidad lírica, falto de la suficiente emoción. De modo que decidí leer a los clásicos con la intención de que ellos me contagiaran su hermosa capacidad. Cuando leía una dedicatoria a cualquier amada anónima, pensaba en que Mara era la destinataria y yo su rapsoda enamorado .Hice algunos pinitos escribiendo con toda la ingenuidad de mis pocos años y la insuficiente preparación de que disponía. La comparaba con fenómenos naturales, con la flora más vistosa en colorido, con hermosas aves…&lt;br /&gt;Ella se dejaba amar agradeciéndome el esfuerzo con su reconfortante sonrisa y algún furtivo beso. Vivía como en un sueño, y yo quería alargarlo indefinidamente, no despertar nunca. Mara sentía exactamente lo mismo por mí, pero por lo visto no era suficiente garantía para el destino, y éste nos tenía reservado otro plan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día, después de tatuar nuestros nombres en la corteza del árbol más robusto que encontramos paseando por el campo, nos hicimos la promesa de permanecer unidos para siempre, hasta que la muerte nos separase. Luego, comenzamos a hacer planes de futuro. Acabaríamos nuestros estudios, nos casaríamos y tendríamos varios hijos, cerrando así el círculo de lo que considerábamos era una vida feliz. Una familia al completo donde reinara el amor y la armonía.&lt;br /&gt;Nuestro idilio fue tomando fuerza con los años. Conseguimos llegar a la edad adulta tan enamorados o más que al principio. Acabamos nuestros estudios, Mara era enfermera titulada y yo un flamante arquitecto de 24 años.&lt;br /&gt;Ambos pertenecíamos a familias de clase media alta, con posibilidades, por lo que no tuvimos muchos problemas para independizarnos. Ella consiguió plaza en un hospital y yo pasé a formar parte de la plantilla de la empresa familiar que había fundado mi padre años atrás, dedicada a proyectos de construcción. Mi padre era un reconocido arquitecto e hizo alguna fortuna.&lt;br /&gt;Un año después, nos casábamos Mara y yo. Mis padres me regalaron una bonita casa como dote. Todo iba sobre ruedas, nada hacía presagiar malos augurios en nuestra vida, al contrario, disfrutábamos de un momento dulce.&lt;br /&gt;Recuerdo aquella mañana cuando salimos en nuestro automóvil camino de la iglesia. Íbamos comentando algo referente a la celebración de la boda de su hermana y Mara de vez en cuando me miraba de reojo como una niña traviesa y divertida. Creo que le pregunté un par de ocasiones en el trayecto que qué era lo que miraba, que si quería decirme algo…&lt;br /&gt;Era como si quisiera darme una noticia pero reprimiera el impulso para alargar el suspense. Yo pensé: “no le voy a preguntar qué es, seguro que hay algo, ya me lo dirá cuando  le apetezca”.&lt;br /&gt;El viaje duraba aproximadamente una hora, era lo que siempre tardábamos en llegar a casa de sus padres. Mara se arrellanó en  su asiento inclinando la cabeza hasta apoyarse en mi hombro, puso en marcha la radio sintonizando una emisora donde ponían música melódica. Yo notaba su contacto y me sentía bien. El vehículo seguía su monótona marcha acortando poco a poco la distancia. Hacía mucho calor aquel verano y como no disponíamos de aire acondicionado, llevábamos bajadas las ventanillas. Saqué el brazo izquierdo con la intención de sentir algún alivio exponiéndolo a la brisa que producía la velocidad. De pronto, una ráfaga  de viento entró por el lado de mi esposa proyectando su abundante  cabellera hacia mi cara. Solté el volante para  retirar los cabellos que me dificultaban la visibilidad…y ya no pude hacer nada más. De lo que ocurrió luego no recuerdo ningún detalle, nada.&lt;br /&gt;Nada hasta aquel fatídico día que nunca tendría que haber llegado. Mejor sería para todos que jamás despertara. Estuve 20 años en coma. Me siento engañado, faltan esos años de mi vida que no están en ninguna parte, no los he vivido si no dormido, desperdiciándolos  miserablemente.&lt;br /&gt;Cuando despierto, encuentro una realidad que no es mía, un mundo que no conozco.&lt;br /&gt;Una tarde abrí los ojos y para mi sorpresa me encuentro en la habitación de un hospital, trato de recordar como he llegado hasta allí pero me lo impide el revuelo que se forma a mí alrededor. Varias personas, médicos y enfermeras, acuden a mi cama, sonrientes y nerviosas. No paran de hablar entre ellos ininteligiblemente para mí y manipular sondas y otros instrumentales. Nadie me explica nada, tan solo me preguntan una y otra vez:” ¿Cómo se llama usted?“, “¿cuantos años tiene? “. Yo intento decir algo pero no puedo articular palabra alguna. Cierro los ojos y trato de adivinar que está ocurriendo, no entiendo nada. El resto de la tarde es una procesión de curiosos que desfila delante de mis ojos.&lt;br /&gt;¡Por fin!, allí estaba Mara con sus tiernos ojos y su preciosa sonrisa. Hice un intento de incorporarme pero el intenso dolor que sentí me obligó a permanecer como estaba. Ella se acercó lentamente, puso una mano en mi frente y luego me besó en la mejilla. Yo seguía sin poder hablar.&lt;br /&gt;—“Tranquilo, no hagas esfuerzos que aún estás débil. He de salir un momento, ahora nos vemos “— me dijo.&lt;br /&gt;¿Débil aún? …¿Por qué?, ¿débil por qué causa? – me preguntaba a mi mismo.&lt;br /&gt;Traté de dar una ojeada a mi cuerpo por si había alguna fractura o herida pero llevaba puesto un pijama,  no sentía dolor, solo un cansancio absurdo  como si hubiera hecho un gran esfuerzo.&lt;br /&gt;Entonces fue cuando de pronto recordé lo último que había sucedido mientras viajábamos. Mara y yo en el interior del vehículo…la mirada al frente, hacia la carretera. El aire entraba por las ventanas por efecto de la velocidad moviendo su pelo…yo soltaba el volante para… ¡nada más!, hasta ahí llegaban mis recuerdos.&lt;br /&gt;“Ahora lo entiendo— pensé – tuvimos un accidente y perdí el conocimiento, ¿Cuánto tiempo, un día, dos o tres?, es curioso, a mi me parece que fue ayer, aunque posiblemente haga varios días”&lt;br /&gt;Mara entró de nuevo en la habitación y se acercó a mi cama. Parecía algo alterada.&lt;br /&gt;Arqueando las cejas le pregunté sin palabras: “¿qué?“&lt;br /&gt;Ella contestó:&lt;br /&gt;—He estado hablando con el Dr. y me dice que estás en perfectas condiciones, que no hay secuelas aparentes después de…del tiempo que has estado…&lt;br /&gt;— ¿Cómo?— le interrogué con los ojos.&lt;br /&gt;— Durmiendo—terminó por decir.&lt;br /&gt;—“¿Durmiendo? – pensé— ¿durmiendo o inconsciente?”&lt;br /&gt;Mi cabeza era un caos, no entendía todo aquello, Mara se sentó junto a mí y tomó mi mano entre las suyas mientras sus ojos me acariciaban con la mirada. Sentía la tibieza de su piel y me reconfortaba. Decidí no preocuparme más por el momento, cerré los ojos y quedé dormido, tenía un sueño irresistible.&lt;br /&gt;Por la mañana desperté mucho más despejado, aunque la sensación de agotamiento era la misma. Estaba solo y en silencio en el cuarto. De pronto, recordé con mas lucidez  la última secuencia antes del accidente .Al retirarme el cabello de la cara, el cual me dificultaba la visibilidad de la carretera, Mara gritó:” ¡El pájaro!”.&lt;br /&gt;Intenté agarrar el volante para esquivarlo, venía hacia nosotros como un proyectil. Pero volcamos dando varias vueltas fuera de la carretera al caer por una pendiente. Di gracias porque Mara estaba ilesa.&lt;br /&gt;En ese momento hizo aparición el médico cerrando la puerta tras de sí, luego se dirigió a mí diciendo:&lt;br /&gt;—“Bien venido Fran, de nuevo está entre nosotros. Nos hacemos cargo de  su desconcierto pero no se alarme, todo está controlado. Según nuestros informes está en perfecto estado a todos los niveles, físicos y psíquicos. Ha dormido durante mucho, mucho tiempo, pero está consciente de nuevo que es lo que importa. De ahora en adelante va a tener que esforzarse un poco en recuperar la movilidad, cosa que no le costará demasiado. Le felicito por su retorno, lo que parecía irreversible lo ha abortado con su ansia por vivir, eso, y la inestimable ayuda de Mara que no lo ha abandonado nunca en todo este tiempo. Por mi parte le doy de alta cuando lo desee, cuando crea que está preparado lo trasladaremos a su domicilio para que reinicie su vida normal. Tómese el tiempo que crea necesario, nos veremos con frecuencia mientras esté aquí, buenos días”.&lt;br /&gt;El Dr. salió sin decir nada más.&lt;br /&gt;No tuve tiempo de asimilar las palabras del Dr., cuando Mara entró en el cuarto. Dos palabras bastaron para trastornarme:” hola Papá”— dijo alegremente —, ¿estás bien?, ¿has dormido toda la noche?&lt;br /&gt;— ¿Papá? – balbuceé con un hilo de voz.&lt;br /&gt;— ¡Claro!, ¡Papá!, nos conocimos ayer tarde, ¿recuerdas?&lt;br /&gt;— contestó ella bromeando.&lt;br /&gt;—Pero Mara… ¿qué burla es ésta?&lt;br /&gt;—No me burlo, es la verdad; soy tu hija Mara, ¿no es estupendo, despertar y conocer a tu propia hija que ni siquiera habías soñado? Se que estás desconcertado, pero he creído conveniente decírtelo desde un principio. El Dr. opina lo mismo, así tomarás conciencia lo antes posible de       los cambios que hay en tu vida.&lt;br /&gt;Cerré los ojos tratando de ordenar mis ideas.”¿Estará Mara trastornada a causa del accidente?, ¿cómo que Papá, esto que es?”— pensé.&lt;br /&gt;—Papá, no te tortures, es comprensible que no lo entiendas fácilmente – dijo Mara con dulzura – ya te lo iré aclarando todo poco a poco, ahora descansa&lt;br /&gt;— ¡No quiero descansar Mara!— sentí una punzada en la garganta al forzar la voz. Quiero que me aclares todo este galimatías, ¿Cuánto tiempo he estado en coma?, ¿por qué te has cortado el cabello de esa manera…? y… ¿porqué me llamas Papá?&lt;br /&gt;—De acuerdo, si estás preparado para oírme te lo explicaré.&lt;br /&gt;Izo una pausa como repensando el discurso, prosiguiendo a continuación.&lt;br /&gt;—Has estado veinte años en coma Papá, son los que yo tengo precisamente. Tu no podías conocer mi existencia ya que nací pocos meses después del accidente que tuvisteis Mamá y tú. Soy tu hija y me llamo Mara, igual que Mamá.&lt;br /&gt;— ¡Pero eso es imposible, tú eres mi esposa!, ¿qué locura es esa de que eres mi hija? ¿Qué te ocurre Mara, has perdido la razón o me la quieres hacer perder a mí?&lt;br /&gt;—Nada de eso Papá, — respondió seria— aunque te parezca increíble es la realidad y tienes que ir acostumbrándote a ella. Si tienes fuerzas para recibir más impresiones te desvelo el resto del misterio.&lt;br /&gt;— ¡Hazlo, habla! Quiero saber todo lo que deba saber, ¡explícate!&lt;br /&gt;—Creo que será mejor no prolongar más el equívoco, espera un momento.&lt;br /&gt;Se alejó unos pasos introduciéndose en el cuarto de baño. Instantes después estaba frente a mí, a los pies de la cama con un pequeño espejo en las manos.&lt;br /&gt;—Vas a recibir una fuerte impresión, pero es mejor aclarar las cosas para que no estés tan confuso.&lt;br /&gt;Estaba en blanco, no acertaba a adivinar que se proponía. Inclinó el espejo hacia mí. (¡…!), Quedé boquiabierto sin decir nada, no daba crédito a lo que veía. Aquél hombre mayor, de unos cuarenta y tantos era yo mismo. Lo que me decía era cierto, no era mi esposa, si no mi hija. Y yo no tenía 25 años, si no 45.&lt;br /&gt;En mi cabeza sonó como un chasquido, no pude articular palabra.&lt;br /&gt;—Los abuelos me contaron que aquel día ibais a la boda de tía Raquel— mientras hablaba yo la escuchaba como un susurro lejano— no se saben las causas, pero el caso es que en una curva de la carretera salisteis con el vehículo sin control cayendo por una pendiente dando varias vueltas. Cuando fueron a recogeros, tú estabas inconsciente y tenías una herida profunda en la cabeza, lo que te provocó el coma. Mamá no perdió el conocimiento pero tenía lesionadas varias vértebras; lo que causó su muerte un año mas tarde.&lt;br /&gt;— ¿Muerta?— pregunté horrorizado.&lt;br /&gt;—Lo siento Papá, pero es la verdad. Pocos meses después de nacer yo y debido a las secuelas del traumatismo, falleció Mamá.&lt;br /&gt;—Entonces… ¿estaba embarazada?&lt;br /&gt;—Si, de dos meses aproximadamente, puede que incluso ni siquiera ella lo supiera en aquel momento, cuando os visteis por última vez.&lt;br /&gt;— ¡Claro, ahora lo entiendo!&lt;br /&gt;— ¿El qué?, ¿qué es lo que entiendes?, ¿empiezas a recordar detalles?&lt;br /&gt;—Si— contesté a punto de soltar una lágrima— aquella mañana estaba especialmente divertida, como ocultando algo, y yo pensé que ya me lo diría a lo largo del viaje. ¡Que triste!&lt;br /&gt;Mara continuó poniéndome en antecedentes, aunque le angustiaba verme en aquel estado.&lt;br /&gt;—Mamá estuvo esos meses ingresada en un hospital debido a su mal estado (agravado por el embarazo) pero los médicos no pudieron salvarla. Al nacer yo, se hicieron cargo de mí los abuelos.&lt;br /&gt;— ¿Cómo están mis padres?— pregunté receloso esperando recibir más malas noticias.&lt;br /&gt;—Muy bien, no te preocupes, mañana vendrán a verte. Están de viaje. Son dos jubilados muy activos, ayer mismo me puse en contacto con ellos con motivo de tu recuperación y están en camino hacia aquí, locos de contentos.&lt;br /&gt;— ¡Que absurdo!, cuando los vea no los reconoceré, serán dos ancianos de mas de setenta años.&lt;br /&gt;—Están muy en forma, seguro que los conoces en cuanto entren por esa puerta.&lt;br /&gt;—Mara, esta situación es anormal para mi, tendrás que aprender a comprenderme. Me cuesta aceptar los sentimientos que tienes hacia mí. Mi mente vive en otro tiempo, en una época en que vivía con mi esposa, sin hijos y con veinticinco años .Me faltan veinte años de vivencias, no puedo asumir la edad que tengo ahora, ni el hecho de ser padre. No puedo soportar todo esto de golpe, es tremendo, tengo la sensación de estar en una pesadilla. Por favor, déjame solo, necesito ordenar mi cabeza.&lt;br /&gt;Mara salió del cuarto en silencio después de darme un beso en la mejilla, sentí un estremecimiento al contacto de sus labios, olía igual que Mara, su madre.&lt;br /&gt;— ¿Veías en tu hija a tu esposa? – preguntó Leo incrédulo y medio indignado.&lt;br /&gt;—Efectivamente, de ahí mi desconcierto, eran como dos gotas de agua , por lo que me resultaba imposible aceptar la evidencia de que fuera hija mía , la voz, los ojos , su forma de caminar …era ella; Mara .&lt;br /&gt;—Pero era tu hija, ¡está claro!&lt;br /&gt;—Desgraciadamente si, era mi hija, por un capricho de la vida.&lt;br /&gt;— ¿Y eso era una desgracia para ti? , por lo menos, dentro de lo malo, tenías una recompensa, tenías de nuevo a Mara, aunque no se tratara de tu esposa, ¡estaba allí contigo!&lt;br /&gt;—No lo entiendes, ¡demonios!— Fran se puso irritable, le temblaban la voz y las manos, gesticulando nerviosamente.&lt;br /&gt;—Si lo entiendo abuelo, pero…&lt;br /&gt;—No, no entiendes nada, tú no puedes ponerte en mi piel, abarcar la dimensión de mi drama. Yo no sentía nada filial por aquella preciosa criatura que tenía delante, si no la misma atracción física y sentimental que despertaba en mí Mara, mi esposa. ¿Cómo podía sentir de otra manera si no tenía conciencia de padre?&lt;br /&gt;— ¿No actuó el instinto, la llamada de la sangre?&lt;br /&gt;—No, nada de eso, ¿que pensarías si en este instante entrara por esa puerta una muchacha a la que no has visto en tu vida y te dijera: Hola papá, soy tu hija?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No lo sé, pero creo que despertaría en mi algún instinto de protección hacia ella, como mínimo.&lt;br /&gt;—Imposible, el amor paterno no es innato, se hace con el trato diario, si no has conocido nunca la existencia de un hijo tuyo no puedes crear todos esos vínculos dentro de ti en un instante. Te quedas frío, vacío, no sientes nada. Para ti, es una persona extraña con la que no te une absolutamente nada. Créeme, yo lo he experimentado y es así.&lt;br /&gt;—Entonces, ¿quieres decirme que deseabas a tu hija como lo hacías con tu esposa?&lt;br /&gt;—Así es exactamente y es por ello por lo que la convivencia con ella resultó ser una tortura para ambos.&lt;br /&gt;—Abuelo, eso es degenerado, lo siento pero no estoy contigo. Es repulsivo, ¡desear a tu propia hija!, ¡que asco!&lt;br /&gt;—Te advertí que no lo entenderías—respondió Fran.&lt;br /&gt;—Hay cosas que no se pueden comprender tan fácilmente. Tenías que notar algo dentro de ti como padre, algo que te impidiera verla como mujer, que no te produjera esa atracción carnal que dices.&lt;br /&gt;—Te recuerdo que cuando desperté, mi mente era la de un joven de veinticinco años y el rostro que estaba delante de mis ojos, el de mi esposa.&lt;br /&gt;—Si, pero ¿y ella?, ella te reconocía como padre, desde su infancia estuvo acompañándote…&lt;br /&gt;—Ella sabía que yo era su padre, yo no. De todas formas se deterioró gravemente ese lazo que la unía a mí. Mara descubrió algo a raíz de mi despertar que hizo que se rompieran sus esquemas. Ella me contó más tarde que su relación conmigo ,como tuvo que ser virtual forzosamente, se fomentó a base de idealizar mi condición de padre hasta convertirme en un ser perfecto. Pasó la infancia, adolescencia y parte de la edad adulta respondiéndose a todas sus inquietudes como si fuera yo el que lo hacía .Me explicaba sus anhelos, miedos y alegrías, era su cómplice perfecto que nunca le defraudaba.&lt;br /&gt;—La escuchaba pacientemente. Idealizó la figura de padre hasta la perfección y, claro, cuando  volví a la consciencia de nuevo llegó el desencanto, el referente de sabiduría y bondad que había creado a medida de sus necesidades se volatilizó con la realidad que conoció en mí. Todas las experiencias acumuladas en mi cerebro estaban estancadas veinte años atrás, sin que ella formara parte de todo ello, entonces, ¿cómo se puede pretender que mi actitud fuera distinta?&lt;br /&gt;—Déjalo – le contestó Leo – debes estar cansado, ya seguiremos en otra ocasión. Es tarde, la lluvia no cesa y hace frío, voy a ver si consigo dormir algo.&lt;br /&gt;Leo se retiró a su camastro, que no era otra cosa que varios tablones formando una pila, lo hacía para preservarse del ataque nocturno de las ratas.&lt;br /&gt;La nave quedó inanimada, tan solo el crepitar del fuego y el murmullo del agua mantenían la sensación de continuidad.&lt;br /&gt;Fran, no sin esfuerzo, se incorporó; su sombra producida por el resplandor del fuego se proyectaba fantasmagórica en la pared que tenía a su espalda. Una extraña transformación en su fisonomía pareció darle más vitalidad; como si rejuveneciera. Sus ojos cobraron vida con un brillo especial, incluso parecía andar mas erguido. Era como si dentro de él se hubiera disparado el resorte que da rienda suelta a la euforia. Comenzó a hablar como si estuviera ante un auditorio, o en el centro del escenario de un teatro.&lt;br /&gt;“Dormid, dormid insensatos, dormid desconocedores de vuestra propia ignorancia. Ausentaos de la miseria de vuestras vidas mientras podáis, desperdiciad ese precioso don de la vigilia en el que todos los sentidos viven la realidad, escondeos como cobardes en las tinieblas del sueño en busca de un azar favorable, desechando lo único que tenéis por alcanzar una quimera. En vuestra ignorancia no sois conscientes del mal que os provocáis con ese nefasto trueque; sueño por vida, ilusión por realidad, ¡que pérdida tan irreparable! cada hora que dormís se la sustraéis a vuestras existencias, pero no hacéis nada por remediar ese sacrilegio, si no todo lo contrario.&lt;br /&gt;De todas maneras  casi lo prefiero así porque, ¿ cómo podríais entender vosotros, ratas de alcantarilla, la profundidad de mis pesares?, ¿ quien que no sea yo mismo , es capaz  de comprender la tristeza que ennegrece mi corazón , ¿ que puede saber nadie de angustias que le son ajenas , por mucha voluntad que ponga ?.&lt;br /&gt;Nadie, nadie como el afectado para percibir en su verdadera  esencia la naturaleza de su pena ¿Acaso el profano tiene la facultad de la  simbiosis para, al admirar una obra, fundirse con el espíritu de su creador y percibir así la génesis del proyecto de lo que aún no teniendo forma, ya existe en la inspiración del artista? Es evidente que no, por eso mismo toda palabra no es más que retórica estéril para el que la escucha si su corazón no está presto al entendimiento. Y es por eso mismo que me complace mucho más hablar a las sombras, a la oscuridad de las gélidas noches ausentes de vida, cercanas a la nada. Porque en realidad a nadie le interesa lo ajeno, si no al que habla de sí mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fran quedó callado, inmóvil, la vista perdida en el infinito, luego volvió a sentarse en el mismo lugar que antes como si lo que acababa de hacer y decir, nunca hubiera sucedido. El movimiento ondulante de las llamas se reflejaba en su rostro, de nuevo adquirió el rictus solemne y triste de antes.&lt;br /&gt;Entrelazó los dedos de sus manos apoyando los antebrazos en las rodillas, acercando de ésta manera la cara al fuego. El frío le hacía mella, y más debido a su avanzada edad.&lt;br /&gt;“¡Qué difíciles fueron aquellos días conviviendo con mi hija Mara!— Susurró en tono más calmado— La hice sufrir con mi locura hasta el límite que una hija puede soportar y eso la fue alejando de mi.”&lt;br /&gt;Leo fingía dormir, pero en realidad estaba escuchando las palabras del atormentado anciano. No tenía duda alguna del trastorno mental de éste. Luego se durmió sin más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VUELTA A CASA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Le deseo suerte Fran” , las últimas palabras del Dr. volvían a su recuerdo inesperadamente. Un mes después de despertar del largo “sueño”, era dado de alta. Las puertas del hospital se abrieron a Fran como preludio a su nueva vida. Le sobrecogió un sentimiento de incertidumbre cuado, al traspasar el umbral, accedió a la calle. La ciudad bullía con el característico ir y venir de transeúntes y vehículos enfrascados en su propio mundo, indiferentes a todo lo demás. Mara le acompañaba del brazo, protectora, mientras bajaban pausadamente  las escaleras de piedra camino del taxi que les esperaba.&lt;br /&gt;El encuentro de Fran con sus padres se había efectuado en el hospital pocos días después de salir del coma y aquella mañana, emocionados, le esperaban en casa para reiniciar juntos una nueva vida. Habían recuperado a su hijo por fin y estaban dispuestos a hacerle lo mas agradable posible su estancia con ellos.&lt;br /&gt;Su antiguo cuarto de soltero fue restaurado totalmente una vez se dieron por vencidos los padres de Fran, cuando perdieron toda esperanza de recuperarlo creyeron conveniente no prolongar más la ilusión de que un día volvería a necesitarlo. Por lo que cambiaron todo el mobiliario dejando tan sólo algún pequeño objeto que recordara su presencia, alguna foto…&lt;br /&gt;En menos de media hora entraba Fran por el jardín que daba acceso a la casa. En el porche, las caras radiantes de felicidad de sus padres le daban la bienvenida.&lt;br /&gt;—Mamá, papá— dijo Fran al llegar — no me dijisteis nada de esto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Estarás mejor aquí hijo — contestó su madre adivinando a lo que se refería —, tu antigua casa no es el lugar adecuado para tu adaptación. Aquí estaremos bien los cuatro juntos.&lt;br /&gt;—De acuerdo, lo que vosotros digáis — dijo sin más protestas —, mi cuarto de soltero no estaba mal.&lt;br /&gt;—Eso es, hijo — intervino el padre —, ánimo, estamos todos a tu lado.&lt;br /&gt;— ¿Todos? — Preguntó como para sí mismo, los demás hicieron oídos sordos  a la reflexión de Fran — Mara me ha puesto en antecedentes cuando veníamos hacia aquí, sé que ya no tengo mi casa desde hace años, pues la vendisteis.&lt;br /&gt;—Así es, no tuvimos otra opción, debido a tu internamiento en el hospital y una vez agotada la cobertura del seguro, creímos conveniente hacerlo así para cubrir el gasto de tu hospitalización. A raíz de tu accidente pasamos por un mal momento, la empresa de papá se resintió por varios motivos y hubo que hacerlo. Esperamos que no te afecte tanto como para que nos haga sentir culpables. Hemos tenido que tomar decisiones por ti en más de una ocasión durante estos años. Pero no hablemos ahora de ello hijo, pasa y acomódate.&lt;br /&gt;—No te preocupes mamá, no voy a echaros nada en cara si no todo lo contrario; quiero agradeceros lo que habéis hecho por mi y por Mara.&lt;br /&gt;—No tiene importancia Fran, eres nuestro hijo y Mara nuestra nieta, haríamos lo que fuera por vosotros—. Respondió cariñosamente su padre.&lt;br /&gt;—Papá, siéntate—intervino Mara —, la abuela nos ha preparado una comida especial para celebrar tu vuelta, vamos al salón.&lt;br /&gt;—No es necesario que me lleves a rastras, puedo andar, no soy tan viejo —. Protestó  Fran entre bromista y molesto por el exceso de ayuda de su hija que no lo soltaba del brazo.&lt;br /&gt;—Como quieras papá, ¡venga, todos a comer!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sentaron los cuatro animados por el buen aspecto que ofrecía la mesa. La madre de Fran se esmeró en la cocina y en la presentación de los platos, el momento era especial y justificaba sobradamente el esfuerzo. Fran no pudo contener el comentario:&lt;br /&gt;—Después de tantos años a dieta ya me convenía una comida decente, ¡qué buen aspecto tiene todo!&lt;br /&gt;Los demás rieron con ganas sus palabras.&lt;br /&gt;Buen comienzo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL TREN FANTASMA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Vamos, despierta Manu!, levántate de una vez que tenemos trabajo.&lt;br /&gt;—¿Qué pasa Leo?, ¿a qué viene tanta prisa?&lt;br /&gt;—Tenemos algo que hacer, ¿ya no te acuerdas?, vamos, arriba, despierta y espabila que no tenemos todo el día.&lt;br /&gt;—¡Vale, vale, ya voy! ¿Qué hora es?&lt;br /&gt;—Más de las siete de la mañana.&lt;br /&gt;—¿Las siete?, ¿pero porqué tan pronto?&lt;br /&gt;—¡Que te levantes, maldita sea!&lt;br /&gt;—Manu se incorporó y comenzó a desperezarse, la resaca del vino barato le hizo mella durante el sueño. A no ser por la urgencia de Leo, dormiría hasta bien entrado el medio día. Se puso en pie y luego se acercó a los restos de la fogata donde Leo le obsequiaba con una taza con algo parecido a café.&lt;br /&gt;—¿No tienes un poco de coñac para darle gusto a esto?— le preguntó a sabiendas de recibir una negativa.&lt;br /&gt;—¿Quieres un surtido de pastas variadas también?— preguntó Leo jocoso.&lt;br /&gt;—No me iría mal comer algo decente de vez en cuando.&lt;br /&gt;—De eso se trata — dijo su compañero— si hoy tenemos suerte, nuestra dieta puede cambiar durante una buena temporada. Podremos llenar la despensa.&lt;br /&gt;—¿Estás seguro que saldrá bien? , no las tengo todas.&lt;br /&gt;—¿No te irás a echar atrás ahora, eh?&lt;br /&gt;—No, no, estoy contigo, pero ¿y si sale mal?&lt;br /&gt;—¿Qué puedes perder?&lt;br /&gt;—No sé…&lt;br /&gt;—¿Tienes algo?&lt;br /&gt;—No.&lt;br /&gt;—¿Entonces?&lt;br /&gt;—Bueno, pues… ¡adelante!, pase lo que pase.&lt;br /&gt;—Así me gusta, ¡venga!, el tren está a punto de pasar por la estación. Será un buen golpe chaval, tranquilo, lo tengo todo pensado y no puede fallar. Por el camino a la ciudad te lo iré explicando con detalle.&lt;br /&gt;Salieron de la fábrica con paso firme, seguidos de la mirada de Fran. Los demás dormían ignorantes de los planes de ambos. Fran no los incluyó en el “trabajito” porque no eran de su entera confianza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No transcurrió ni media hora, cuando los dos compinches estaban de vuelta. Venían en silencio, aturdidos por lo que les sucedió fuera. No daban crédito a lo que presenciaron.&lt;br /&gt;Se encaminaron a las afueras de la zona industrial hasta la estación del tren de mercancías para llevar a cabo un pequeño hurto en la ciudad, Leo lo tenía todo planeado perfectamente en su cabeza paso a paso, pero cual no sería su sorpresa al descubrir que la estación, las vías, y el tren, no existían. ¿Pero cómo podía ser, si él mismo recordaba haber tomado aquel dichoso tren en innumerables ocasiones? Buscaron una y mil veces por toda la zona y ni rastro de lo que buscaban.&lt;br /&gt;Desconcertados, no tuvieron más remedio que desistir y volver sobre sus pasos hasta la madriguera  para explicarlo a los demás. Algo extraño estaba ocurriendo pero no acertaban a imaginar qué.&lt;br /&gt;Una vez de vuelta, Leo se dirigió al lugar en que se encontraba Fran.&lt;br /&gt;—Abuelo, ¿cuándo llegaste aquí, hiciste el viaje en tren?— preguntó sin más.&lt;br /&gt;—No recuerdo nada de ningún tren, ¿porqué me haces esa pregunta?, ¿qué más da como viniera?— Fran no entendía la importancia de ese hecho.&lt;br /&gt;—Hay mucha distancia desde la  ciudad más próxima, no creo que hicieras el camino andando, a tu edad.&lt;br /&gt;—Mi memoria flaquea, lo siento pero no lo recuerdo.&lt;br /&gt;—Para otras cosas tienes una memoria de elefante, ¿cómo no recuerdas la manera en que llegaste aquí?&lt;br /&gt;—Ya te dije que el viejo está chalado, Leo— intervino Manu.&lt;br /&gt;—Calla ahora con eso, lo que me interesa es descubrir el fenómeno de la desaparición del tren.&lt;br /&gt;—¿Y que va a saber él de eso?&lt;br /&gt;—No tengo ni idea, pero algo me dice que éste anciano sabe muchas cosas.&lt;br /&gt;—Yo no puedo ayudaros, en mis recuerdos hay lagunas. No puedo retener todo con coherencia, no tengo la menor idea de lo que hice ayer, solo recuerdo con nitidez las cosas del pasado. Soy muy viejo, más de lo que creéis, y me estoy muriendo.&lt;br /&gt;—¿Cómo sabes que te estás muriendo?, ¿eres adivino para saber cuánto te queda de vida?— preguntó Leo con el afán de llevar a Fran a un dialogo, especie de interrogatorio. Estaba obsesionándose poco a poco con la intrigante presencia del anciano.&lt;br /&gt;—No, no soy adivino, pero ocurrió algo en mi vida hace muchos años que me otorga la seguridad de saber lo que me resta de vida. Fue un hecho fortuito en el que me vi involucrado con las Fuerzas Oscuras, donde se me reveló la duración de mi existencia, es más; yo mismo puse las condiciones para alargar mis años, por lo que tengo la absoluta certeza del tiempo que me queda.&lt;br /&gt;—¿Y cuánto es eso, si podemos saberlo?— preguntó Leo con sorna.&lt;br /&gt;—Días — dijo Fran.&lt;br /&gt;—¿Cuántos días? — interrogó Manu mientras Leo permanecía callado, a la espera.&lt;br /&gt;—Días, horas…no lo sé tan exacto, pero es inminente —. Sentenció Fran.&lt;br /&gt;—Esto no nos aclara nada, si no que estamos ante un caso de demencia senil—. Dijo Leo.&lt;br /&gt;—¿Demencia qué…?— preguntó asustado Manu.&lt;br /&gt;—Que está como una chota, ¡joder!&lt;br /&gt;—Eso ya te lo dije yo, no se porqué le haces caso, solo dice chorradas; habla normal y de pronto parece un poeta de aquellos antiguos. Lo he observado y no come, no duerme…, éste tío es como un fantasma que ha aparecido de pronto sin saber nadie de donde viene. Desde que lo vi me dio mal fario.&lt;br /&gt;—Todo eso no son más que un montón de supersticiones absurdas, a mí en cambio me daba tranquilidad su presencia, no vi nunca en él nada extraño, aunque reconozco que desde que empezó a hablar he cambiado de parecer —contestó Leo.&lt;br /&gt;—A mi me pone nervioso. Habla muy taro, es como si estuviera leyendo cuando nos explica su vida, ¿por qué no lo echamos de aquí y nos libramos de él de una vez? Al fin y al cabo no tenemos que estar obligados a aguantarlo. ¿De qué lo conocemos? — de nuevo Manu daba muestras de intranquilidad ante la presencia del viejo.&lt;br /&gt;—No, haremos otra cosa— negó Leo—, nos va a contar toda su historia, tal vez así atemos algunos cabos con su relato.&lt;br /&gt;Se acercaron más a él hasta sentarse a su lado.&lt;br /&gt;—¿Qué ocurrió luego?— preguntó Leo.&lt;br /&gt;—¿Cuándo?&lt;br /&gt;—Después de despertar del coma, cuando te fuiste a vivir con tu hija y tus padres. Nos quedamos en eso anoche, ¿recuerdas?— Leo estaba impaciente.&lt;br /&gt;—¡Ah, si!, fui a vivir con ellos, yo no tenía donde ir, la casa no era mía ya, por lo que decidí quedarme con mis padres en mi antiguo hogar de soltero. Todo iba a pedir de boca desde el momento en que entré allí. Me sentía querido. La protección que me daba mi familia no me molestaba en absoluto, se volcaron conmigo como nunca antes lo hicieran. A raíz de mi despertar su humanidad aún era mayor que años atrás. Querían hacerme olvidar toda mi desgracia y lo estaban consiguiendo, pero hubo algo que enturbió esa armonía.&lt;br /&gt;Un día, mi hija, pocos meses después de mi llegada a la casa, trajo a un muchacho. Quería que conociese a su novio.&lt;br /&gt;Algunas veces me habló de él pero se daba cuenta de que yo no era muy receptivo a ese  tema. Me avergüenza confesarlo pero estaba celoso, celoso de que mi Mara pudiera compartir su cariño con alguien que no fuera yo mismo. Siempre buscaba la manera de evadirme de esa presentación, supongo que ella intuía el porqué, pero era una muchacha excelente, comprensiva en exceso conmigo. Cuando creyó que había llegado el momento, invitó al joven a venir a casa para que lo conociera.&lt;br /&gt;Una tarde, después de la sobremesa sonó el timbre de la puerta, instantes después apareció en el salón .Me quedé helado, no podía creer lo que veían mis ojos. El joven era yo mismo con veintitantos años, era mi vivo retrato a esa edad .Debieron darse cuenta todos de mi turbación, que ellos interpretaron con otro significado, ya que me dejaron solo, saliendo de la estancia.&lt;br /&gt;Quedé allí sentado sin saber lo que sucedía, tenía la impresión de estar soñando, ¿pero cómo no se daban cuenta de ello mis padres?, parecía que no por la naturalidad con la que lo recibieron. Por otro lado, Mara había visto fotografías de mi juventud y era evidente que aquel muchacho y yo éramos la misma persona, pero nadie apreciaba ese detalle. Llegué a pensar que mi mente estaba enferma y recreaba alucinaciones que yo interpretaba por realidad.&lt;br /&gt;Permanecí sentado, sumido en una especie de sopor que me inmovilizaba. Cuando el novio de Mara se hubo marchado, ella vino a reprender mi actitud poco sociable:&lt;br /&gt;—“Papá, estoy teniendo mucha paciencia contigo, pero todo tiene un límite, creo que estos meses que llevas con nosotros son suficientes para que estés adaptado, que hayas asimilado tu nueva vida y aceptes la de cada uno de los que estamos contigo. No puedes seguir con esa actitud absurda. Sal a la calle, intenta incorporarte a la empresa de los abuelos en tu antiguo empleo. Pon algo de tu parte para volver a la normalidad, no podemos hacerlo todo nosotros solos. Si no te ayudas tú, difícilmente saldrás del pozo en el que estás. Tu actitud con Dani ha sido horrible, ni siquiera le has dirigido la palabra, te has quedado inmóvil como si hubieras visto un fantasma. ¿Qué te ocurre, no puedes soportar que conozca a alguien que no seas tú? Es inaguantable ese proceder, no se si tendré fuerzas para seguir ayudándote en tu recuperación.”&lt;br /&gt;No dijo nada más, no tuve tiempo de responder, explicarle lo del parecido..., por    otro lado, estaba claro que nadie lo percibió, solo yo. Mara subió a su cuarto y no bajó más en el resto de la tarde. Oí a mis padres comentar algo en voz baja sin entender lo que decían, pero supe que se referían a mi conducta. Nadie me entendía.&lt;br /&gt;Más tarde, harto de darle vueltas y más vueltas en mi cabeza a lo del novio de Mara, a mis sentimientos hacia ella y la tensa situación que estaba creando a mis padres, decidí ir a mi cuarto y echarme a descansar con el firme propósito de seguir el consejo de Mara. A primera hora de la mañana pediría a mi padre que me acompañara a las oficinas de su ex empresa. Podía ser la solución, reincorporarme de nuevo a mi trabajo, estar ocupado en alguna tarea, tener un horario y enfrascarme en proyectos de arquitectura. No tener tanto tiempo libre, ahora que ya me encontraba restablecido físicamente, tal vez me devolviera  a la normalidad psíquica que había perdido.&lt;br /&gt;Leo interrumpió a Fran para preguntarle:&lt;br /&gt;—¿El novio de Mara eras tú?&lt;br /&gt;—Era yo mismo hasta el último detalle, la misma vestimenta que llevaba en aquél tiempo, el porte, los gestos, todo su físico era un calco mío a su edad. Era como si me hubieran transportado en el tiempo y me pusieran frente a mi mismo en el futuro.¿Cómo no iba a reconocerme?, por eso quedé mudo, paralizado. No pude reaccionar hasta que salió de la casa. Cuando se marchó, fue como si de pronto quedara liberado de una fuerza que impedía mis movimientos, como si su presencia anulara la mía. Pero ya te he dicho que sólo fue una impresión mía, nadie más se percató de eso.&lt;br /&gt;—¿Volvisteis a encontraros en otra ocasión?— Leo quería recomponer un puzzle sin razón aparente, sentía la necesidad de descubrir un enigma.&lt;br /&gt;—Si, tiempo después, pero su apariencia era otra muy distinta, no se parecía en nada a la primera vez, pero déjame que te explique algo más; a partir de aquella noche dio un giro de 180 grados la convivencia con Mara, ocurrió un hecho que te costará entender dado a tu actitud tan crítica, pero que yo guardo como una joya de valor incalculable en mi memoria. Fue un soplo de aire fresco y esperanzador. Cada vez que lo recuerdo, cuando rememoro mi encuentro con ella, rejuvenezco y me siento lleno de vida.&lt;br /&gt;—¿Qué encuentro…a qué te…?—Leo intuía algo terrible y no acertaba a preguntar.&lt;br /&gt;—Ella vino a mi cuarto a media noche.&lt;br /&gt;—¿Hiciste el amor con tu hija?— Leo daba muestras de indignación con la crispación de su  rostro.&lt;br /&gt;—¡Con Mara!— aclaró irritado Fran— Aquella noche hicimos el amor como nunca lo habíamos conocido—. La cara de Fran se iluminó— Nos miramos sin decir nada, solo nuestros ojos hablaban; expresando lo que nos deseábamos el uno al otro. Su bello semblante brillaba intensamente con un halo de dulzura y pasión a la vez, se acercó a mí posándose a un lado de la cama, podía verla en la oscuridad. Luego se echó sobre mí con ternura y nos abrazamos. Después acercó sus labios a los míos y nos besamos apasionadamente. Nunca experimenté tanto amor en mi vida. Mara era más suave, tierna…pura que nunca. Hicimos el amor hasta quedar extasiados, dormidos. Nuestras almas parecían fundidas en una sola.&lt;br /&gt;— Mira abuelo, porque no quiero odiarte voy a pensar que todo eso no fue más que un sueño. Si, un sueño erótico provocado por tu obsesión con Mara hija y Mara esposa. Me doy cuenta de que tu trastorno no te permitía diferenciar una de otra, pero lo que me parece escandaloso es que, creyendo que hiciste el amor con tu propia hija, lo tengas en el recuerdo como algo tan maravilloso y digno.&lt;br /&gt;— Ella vino a mi cuarto porque sentía lo mismo que yo—. Respondió irritado Fran.&lt;br /&gt;— ¡Soñaste todo eso, maldito viejo!— escupió Leo colérico—, tuviste un asqueroso sueño… ¡y punto!&lt;br /&gt;— No está echa la miel para la boca del asno— recitó el anciano abstraído—, ¿cómo un ruin pordiosero puede desentrañar los inescrutables senderos del entendimiento?&lt;br /&gt;—Otra vez con sus tonterías— dijo Manu como advirtiendo a Leo—, ya vuelve a hablar de aquella manera, está como para que lo aten.&lt;br /&gt;—Olvídalo— contestó Leo—, vamos a echar un vistazo ahí fuera.&lt;br /&gt;—¿Para ver qué?— interrogó desconcertado su amigo.&lt;br /&gt;—Quiero comprobar otra vez si todo sigue igual.&lt;br /&gt;Se encaminaron a la salida.&lt;br /&gt;—¿Qué está pasando?— dijo Leo — ,¡el paisaje está cambiando!&lt;br /&gt;—Es verdad, aquí faltan edificios. Los más cercanos están ahora a más de quinientos metros. Esto me da miedo, Leo, parece cosa de brujería.&lt;br /&gt;—Pero… no puede ser, las cosas no desaparecen así porque si, no me preguntes porqué pero estoy seguro que el viejo tiene algo que ver con este fenómeno. Mira., el cielo se está oscureciendo por momentos y es medio día. Volvamos a dentro.&lt;br /&gt;—Oye Leo, ahora que pienso… ¿Has visto a los otros?, cuando hemos entrado antes no estaban y se quedaron durmiendo cuando marchamos esta mañana.&lt;br /&gt;—Ahora que lo dices, es cierto, no estaban. Es muy raro que se levanten antes de medio día, vamos a asegurarnos.&lt;br /&gt;Entraron decididos dirigiéndose al lugar donde sus colegas solían pernoctar, Fran los seguía con la mirada, sin comprender. Al llegar  quedaron boquiabiertos,  no había ni rastro de sus compañeros así como de sus miserables enseres: bolsas de plástico, mantas viejas y algunos utensilios, que conformaban todo su ajuar, habían desaparecido sin dejar rastro.&lt;br /&gt;—¡Abuelo!— gritó Leo— ¿Has visto salir a estos tres?&lt;br /&gt;—¿Quiénes?— respondió Fran.&lt;br /&gt;—No juegues conmigo, maldita sea— amenazó Leo al tiempo que avanzaba hasta él—, ¿Cuándo se han ido?&lt;br /&gt;—¿Quién se ha ido?, no te entiendo.&lt;br /&gt;—Esos tres de ahí —. Vociferó señalando al rincón.&lt;br /&gt;—No tengo ni idea, no los he visto desde anoche cuando estábamos alrededor del fuego.&lt;br /&gt;—Esta mañana estaban ahí mismo durmiendo como troncos— aclaró Leo—,¿has salido algún momento de aquí mientras estábamos fuera?&lt;br /&gt;—No me he movido de donde estoy, no se nada, no los he visto, no les he prestado atención. Ni siquiera recuerdo sus caras, ¿qué más quieres que te diga?&lt;br /&gt;—Eso es imposible, si hubieras estado todo el tiempo aquí los habrías visto al levantarse y recoger sus cosas. ¿Qué estás ocultando y porqué?— Leo estaba desarrollando un claro rechazo ante  la  inquietante  figura del anciano, el cual iba en aumento conforme transcurrían los acontecimientos. Ocurrían cosas extraordinarias allí y cada vez veía con más claridad que todo ello estaba, de alguna manera, asociado a su presencia. Cosas que no acontecieron  cuando no era más que un visitante silencioso. Tal vez  el impetuoso Manu no estaba tan desacertado en su intuición.&lt;br /&gt;—Déjamelo a mí y verás como canta el viejo—. Manu estaba deseando ajustar las cuentas a Fran, no soportaba que éste fuera el centro de atención para Leo.&lt;br /&gt;—Eso precisamente es lo que va a hacer, pero no será necesario recurrir a la fuerza, se muere de ganas por contarnos su macabra historia, ¿no es cierto abuelo?&lt;br /&gt;—Quisiera ayudaros pero no sé más de lo que podáis saber vosotros. Ocurren cosas, pero que escapan a mi comprensión.&lt;br /&gt;—¿Qué cosas son ésas?— interrogó ansioso Leo.&lt;br /&gt;—Es una sensación que no experimenté nunca hasta hoy, es como si todo a mí alrededor se desmoronara. Siento como se desvanece por momentos este mundo en el que he vivido tantos años y creía sólido, para dar paso a otro sin sustancia, inmaterial. Creo que tus amigos simplemente se han esfumado en la nada como parte de esa desintegración que digo. Tu mismo has dicho que la estación y el tren no están, que los edificios se diluyen a nuestro alrededor, te he escuchado decirlo antes, creo que, incluso vosotros dos y yo mismo estamos desapareciendo sin darnos cuenta. Es terrible, pero el fin se acerca y me aterroriza la idea de partir al lado de las sombras, ¡tan soberbio como me sentía cuando gané el pulso con la muerte! En cambio ahora me aterra saber que vuelvo a ser vulnerable, mortal, y que mi tiempo ha concluido.&lt;br /&gt;—¿Qué quieres decir con eso de que ganaste a la muerte?, ¿de qué pulso hablas?, ¿cuándo fue eso?— preguntó Leo ávido de respuestas.&lt;br /&gt;—Sucedió unos años después de mi incorporación a la vida laboral.&lt;br /&gt;—¿Volviste de nuevo a tu trabajo?&lt;br /&gt;—Si, fue más fácil de lo que imaginaba. Acompañado de mi padre acudí a las oficinas de la empresa una mañana. Después del recibimiento por parte de antiguos empleados y entrevistarme con el socio de mi padre, el cual se había hecho cargo de la empresa desde que él se retiró, comencé en seguida en el mismo puesto de años atrás. Curiosamente, no olvidé nada de mis conocimientos durante el tiempo del coma. El único inconveniente que encontré fue el desfase con los procedimientos modernos y los que yo conocía de mi época, en la forma de elaborar proyectos .Aunque la tecnología era más sofisticada que veinte años atrás, me adapté a marchas forzadas. Lo emprendí con ganas y no tuve mayores dificultades.&lt;br /&gt;De nuevo estaba inmerso en la rutina del trabajo, de los horarios y de una vida organizada. Me sentía otra vez yo mismo y eso palió en mucho mi peculiar situación personal, ya no me sentía tan desgraciado y fui capaz de adaptarme a aquel mundo tan diferente sin esfuerzo. Representó un alivio para mis padres y también para Mara. Todo volvió a su cauce y eso les tranquilizó. Yo mejoré notablemente en cuanto a mis ansiedades. Pero la fatalidad me perseguía constantemente hostigándome sin piedad.&lt;br /&gt;Transcurridos unos años de aparente normalidad, tuve que experimentar la amarga pérdida de mis padres, no por nada accidental, si no debido a sus achaques por la edad. Fallecieron con un año de diferencia uno del otro.&lt;br /&gt;Quedamos solos en casa Mara y yo. Ella estaba a punto de contraer matrimonio con su primer y único amor, Dani, cuando faltó mi madre.&lt;br /&gt;—Está obsesionado con eso — añadió Manu—, ¡qué vicio tiene el viejo!&lt;br /&gt;—Oye abuelo, ¿quieres contarnos de una vez por todas y sin tantos rodeos, eso de el juego con la Muerte?— insistió exasperado Leo.&lt;br /&gt;—He dicho el pulso.&lt;br /&gt;—Bueno, ¿qué más da el pulso que el juego?— Leo perdía la paciencia— ¿que ocurrió?&lt;br /&gt;— ¿No oís?— Fran hizo ademán de agudizar el oído—, ha empezado otra vez a llover.&lt;br /&gt;Fue simultáneo el comentario y comenzar a caer una verdadera tromba de agua que impedía el diálogo. El agua golpeaba por todos los costados de la fábrica con furia salvaje afectando con más intensidad en las claraboyas del techo. Había oscurecido tanto que a no ser por la  luz que despedía la pequeña fogata, les hubiera resultado imposible distinguirse unos a otros.&lt;br /&gt;—¿Quién ha vuelto ha encender  el fuego?— preguntó Manu espantado&lt;br /&gt;—¿Qué?— Leo giró la cabeza para cerciorarse, luego gritó en esa dirección— ¡He, vosotros! ¿Estáis ahí?, ¿dónde os habéis metido?&lt;br /&gt;No obtuvo respuesta alguna. Volvió a insistir al tiempo que se encaminaba, acompañado de Manu, a comprobar si estaban por allí los tres desaparecidos. Al llegar no encontraron a nadie pero el fuego seguía llameando, era evidente que ellos u otros lo encendieron, por lo que mosqueados decidieron dar una batida por todas las estancias de la vieja nave, cada uno por su lado. No sirvió de nada, estaban solos.&lt;br /&gt;“Demasiados fenómenos para un solo día, pensó Leo, aquí hay gato encerrado y lo voy a descubrir cueste lo que cueste”&lt;br /&gt;— ¿Qué te traes entre manos, abuelo?— preguntó—, ¿no serás prestidigitador, o mago, o algo así? Aquí están pasando cosas muy raras y creo que tú sabes de qué se trata, desaparece gente, se enciende el fuego sin que nadie lo haga, no hay edificios que antes estaban y por si fuera poco… ¡llueve con sólo decirlo tú! ¿Me quieres explicar qué  misterio es éste?— acabó gritando cerca de la cara de Fran.&lt;br /&gt;—No sé más que tú, de lo que me estás preguntando. Tal vez haya una explicación, pero es tan increíble que dudo que tengas valor para aceptarla.&lt;br /&gt;— ¡Lo sabía!— suspiró Leo esperanzado—, sabía que estos extraños acontecimientos estaban ligados a ti de alguna manera. Me resulta imposible establecer esa relación contigo, pero habla de una vez por todas y aclaremos el embrollo.&lt;br /&gt;—Esto es obra del Emisario— a Fran le tembló ligeramente la voz.&lt;br /&gt;—¿Qué emisario?&lt;br /&gt;—El enviado de la Muerte que está en camino para obligarme a cumplir mi parte del pacto—. Fran daba muestras de inquietud al decir estas palabras.&lt;br /&gt;—¿Quieres que crea que la muerte nos va a visitar aquí? ¿Quieres que crea esa patraña?, para eso no es necesario que se moleste en venir de tan lejos, yo mismo puedo ahorrarle el viaje haciendo que te reúnas con ella. Me estás hartando, mi paciencia tiene un límite.&lt;br /&gt;—Tú no puedes hacerme nada, Ella y yo hicimos un trato y sólo cuando se cumpla el plazo que convinimos dejaré de vivir, no antes. Siento la cercanía de su sicario con las muestras que veo a mi alrededor, mi mundo se apaga, mi vida es una débil llama como la que está encendida ahí mismo. Noto dentro de mí que el final está muy próximo, casi inmediato. ¡Qué extraño, ya no llueve!, parece que el cielo se aclara.&lt;br /&gt;—Si, eso parece, y justo cuando tú lo has dicho ha comenzado a entrar claridad por las ventanas—ratificó Leo.&lt;br /&gt;—También yo lo he observado y estoy empezando a creer lo que dices, es como si todo girara en torno a mí, como si de alguna manera, se apagara la vida a mí alrededor a medida que pierdo fuerzas. Dejadme que os explique algo extraordinario que me sucedió una noche. Creo que tiene sentido tu intuición.&lt;br /&gt;—No, hazlo luego—cortó Leo—, más tarde, cuando volvamos nos lo explicas. Vamos Manu, ha parado la lluvia y está aclarando de nuevo. Quiero ver el exterior, esto no puede ser real. Quiero ver con mis propios ojos si las cosas  siguen igual, o ha sido una alucinación lo que hemos visto antes. Acompáñame a hacer un recorrido por los alrededores&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejaron solo al enigmático personaje. Instantes más tarde, este comenzó a experimentar un repentino cambio. Se sentía agotado como nunca antes lo estuvo, sintió la imperiosa necesidad de descansar, por lo que se acercó hasta la cama de Leo y se dejó caer lentamente, abandonándose. Cerró los ojos como si durmiera, mientras su cerebro debilitado comenzó a evocar recuerdos de un pasado lejano. La convivencia del trío formado por Dani y Mara con Fran, se hizo poco a poco insostenible. Cualquier excusa era buena  para iniciar una discusión con alguno de ellos, Fran no aceptaría nunca compartir su cariño hacia Mara con otra persona, lo que supuso un enrarecimiento en el ambiente familiar. No desistía en el empeño por recuperar a su amada, lo que lo avocaba continuamente a extravagancias que hacían dudar cada vez más de su cordura. Sus  ensoñaciones con la joven las creía reales, sintiéndose por lo tanto celoso y engañado en la realidad. La felicidad de la pareja corría peligro mientras él estuviera en casa, por lo que después de un calvario de situaciones insoportables el esposo de Mara  tomó la decisión de que fuera examinado por un especialista. El diagnóstico fue el que ya sospechaban, padecía una esquizofrenia con delirios que le impedían discernir entre realidad y fantasía.&lt;br /&gt;Fue ingresado en un centro psiquiátrico en el que permaneció varios años. Un día, salió sin ser visto y jamás le encontraron, no volvió a ver a su hija el resto de su vida. Perdido, deambuló de un lugar a otro, sin rumbo, convirtiéndose en un vagabundo.&lt;br /&gt;Asqueado de la mala fortuna que le tocó vivir, empezó a tomar forma en su cabeza la idea, cada vez mas decidida, del suicidio. Cierto día, sin saber cómo, apareció en uno de sus bolsillos un arma de fuego. Era un revolver, el cual parecía incitarlo insistentemente a  liberarse de sus penas. Como arrastrado por una fuerza extraña que guiaba sus pasos, fue a un inmundo hotel donde ocupó una habitación, se acostó en la cama y dejó el arma a la vista, apoyada en la mesita de noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leo y Manu estaban de nuevo junto a Fran, donde éste dormitaba. Venían pálidos, el rostro desencajado.&lt;br /&gt;—Abuelo, ¿qué podemos hacer?, danos una solución porque esto es para volverse loco—. Leo estaba fuera de si, había perdido por fin el control de si mismo.&lt;br /&gt;Fran abrió los ojos, parecía haber envejecido aún más. Apenas comprendía las súplicas de los dos hombres. Renqueante, se incorporó quedando sentado en el borde del camastro.&lt;br /&gt;—¿Qué es lo que habéis visto que os ha afectado tanto?— preguntó con un hilo de voz.&lt;br /&gt;—No hemos visto nada porque no hay nada ahí fuera, ¿entiendes lo que te digo? ¡Nada! No hay edificios, no hay paisaje, ¡nada! Estamos solos en un inmenso desierto… ¡y esa luz cegadora lejana que no podemos alcanzar…!. Hemos andado durante horas sobre una superficie llana, sin vida, y la luz se alejaba cada vez más y más. Estamos perdidos en un mundo vacío.&lt;br /&gt;Leo estaba en un estado de histerismo tal, que le obligaba a hablar atropelladamente entre sollozos que no podía reprimir.&lt;br /&gt;—Todo esto es por mi, os he involucrado sin querer en mi propia desgracia, pero no está en mis manos la solución, nada puedo hacer ya si no compadeceros, compañeros míos de viaje. La fatalidad os ha unido a mi destino, quien sabe si por   alguna causa que debéis expiar, son designios que escapan a mi razón, pero voy a contaros algo que me sucedió hace años, porque ahí pudiera estar la clave que resuelva el enigma.&lt;br /&gt;—¡No queremos más historias!—vociferó Manu—, queremos que todo  sea como era antes , que nos expliques como puede ser que ocurran estas cosas si es que lo sabes…y si no es así… ¡cállate de una maldita vez , viejo estúpido!¿qué tenemos que ver con tu vida ?, ¿qué poderes tienes tú para hacer que enloquezcamos?&lt;br /&gt;Leo se quedó sin argumentos, aquello sobrepasaba toda su capacidad de razonamiento, por lo que cayó de rodillas gimiendo, abatido e impotente. Intuía que la vida se le escapaba y no podía evitarlo de ningún modo.&lt;br /&gt;—Escuchad atentamente infelices— la voz de Fran se hizo grave y potente, resonaba en todo el lugar—: el germen del mal que nos acecha se engendró aquella aciaga noche, donde la Soledad, mi eterna compañera,  se vistió con sus mejores galas para seducir a mi espíritu, llevándolo a la perdición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL EMISARIO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sumido en la penumbra de mis miserias existenciales, vino hasta mí, en lo más intenso de la noche, el pájaro negro del infortunio. Sus ojos como tizones taladraban el aire inmisericordes y herían mis entrañas. Se posó suavemente a los pies de mi cama, plegó las alas y me dijo:&lt;br /&gt;—Malas noticias traigo, débil mortal, mi agüero no será de tu agrado, pero tu condición de ser inferior te obliga a escuchar la mala nueva que te traigo.&lt;br /&gt;—¿De dónde sales extraño Ente, que llevas contigo ese frío gélido que noto en mis huesos? Aparta esa mirada de mí, no me digas nada que yo no quiera saber, prefiero la ignorancia si es el mal lo que me aguarda .Déjame y vuelve al mundo del que partiste.&lt;br /&gt;—Vengo presto, con entusiasmo, a comunicarte tu inexorable muerte enviado por mi señora, la Enlutada que porta la Guadaña. Ella me encarga el mensaje y yo lo transmito al interesado. No puedo eludir mi destino como tú tampoco el tuyo.&lt;br /&gt;—¡No, eso no es cierto!, me engañas negra ave, yo estoy soñando, Morfeo me retiene en su regazo y juega conmigo creando esta ilusión, esta nefasta pesadilla para mortificarme. Algún oscuro motivo le mueve para regocijarse con mi tortura, pero estoy seguro que despertaré mañana, angustiado, pero sin que nada lo justifique pues todo habrá sido una ficción.&lt;br /&gt;—¡Cuan ingenuo te muestras, infeliz!, llegada la media noche de mañana partirás a un incierto lugar. Tu cuerpo quedará aquí, como despojo inútil que es, pero tu alma volará al lugar que le corresponde en los dominios de la señora. Segadora. Esto es todo cuanto tenía que decir, ahora parto rauda hacia el otro lado, mi lugar de procedencia. Hasta mañana, allí nos veremos.&lt;br /&gt;—Espera tétrica ave, te lo imploro, espera tan sólo un breve instante y escucha las palabras de esta pobre victima en su desgracia.&lt;br /&gt;—Mi misión ha culminado, tus súplicas no me moverán a compasión, ahórrate el patético discurso. Tu sino es inevitable, no oses provocar mi ira, podrían ser terribles las consecuencias para ti. Calla y mira como alzo el vuelo sin apiadarme de tu tragedia.&lt;br /&gt;—¡Espera, pájaro asqueroso, no he terminado de hablar!&lt;br /&gt;—¿Cómo te atreves…, miserable?, has caído en desgracia al provocarme, tu destrucción es inminente, te voy a…&lt;br /&gt;—¡Eh!, para, para, montón de basura. Se acabó la retórica y la lírica, ¿ves esto?, me estoy apuntando con un revolver a la cabeza, ¿sabes lo que significa eso?, que me voy a pegar un tiro en el momento que me de la gana. Ni tú, ni la anoréxica de tu jefa, me dice cuando tengo que morir o no. ¿Quieres decirme con qué excusa te presentas ante ella diciéndole que ya he muerto y no se ha cumplido su augurio? Relájate y atiende lo que tengo que decirte…&lt;br /&gt;—No te atreverás a hacerme eso, tengo poder para infligirte sufrimientos que ni has soñado, puedo…&lt;br /&gt;—Tú no vas a hacer nada, ¡inútil!, si ahora mismo me pego un tiro, se acabó tu carrera. Doña Muerte ha ordenado que muera mañana, y mira por donde yo tengo más poder que ella, pues está en mi mano que el hecho se consuma ahora, dentro de dos horas, mañana o cuando me venga en gana. ¿Puedes decirme si eso no es poder? ¡Dilo estúpida!, reconoce que lo tengo.&lt;br /&gt;—Visto así es cierto que, mientras tengas un hálito de vida, ésta te pertenece y puedes quitártela. Eso es cierto, pero lo peor viene luego, cuando te sobrevenga el óbito. Las consecuencias de tu actitud las sufrirás eternamente y te aseguro que Ella tiene recursos infinitos.&lt;br /&gt;—¡Bueno, bueno, vamos a centrarnos en el asunto! Aquí de lo que se trata, no es precisamente de lo que a mi me ocurra después “de”, eso ya lo veremos en su momento, la cuestión a dilucidar está en ti, ¿en qué situación te encuentras tú en este momento? Estás perdido. Si aprieto el gatillo, tan sólo con un pequeño movimiento de mi dedo índice…te complico la vida para siempre. Digo vida por decir algo, claro .Te has metido en un buen lío, estás en mis manos. Yo llevo las riendas del asunto. ¿Te das cuenta o eres deficiente? ¿Quién eres tú para tomar decisiones?, otros las toman por ti, no eres más que un mandado, un mensajero. Yo en cambio puedo hacer de ti un desgraciado para toda tu existencia. Tú verás.&lt;br /&gt;—¿Te atreves a amenazarme a mí?&lt;br /&gt;—Si.&lt;br /&gt;—Te falta valor para matarte, es un farol.&lt;br /&gt;—Tú te lo has buscado.&lt;br /&gt;—¡No, detente!, no lo hag… ¡no!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sonó un disparo&lt;br /&gt;—Primer aviso, me he destrozado media pierna, pero eso te enseñará quien manda aquí.&lt;br /&gt;—Está bien, habla, ¿Qué quieres?&lt;br /&gt;—Eso está mejor, ya vamos entrando en razón. Quiero que vuelvas a tu repugnante morada y le propongas a la Vieja el siguiente trato: o me alarga la vida cuarenta años más, o sea hasta los noventa y cinco, o me pego un tiro antes de la media noche de mañana, de manera que  Ella no me quita la vida, si no que lo hago yo a mi libre albedrío creando así un precedente histórico desautorizándola, con las consecuencias que ello le pueda reportar. Así de simple.&lt;br /&gt;—Para Ella cuarenta años no son nada, pero toda la eternidad de tortura para ti será inmenso. Ya lo comprobarás cuando acudas a su morada.&lt;br /&gt;—Nadie me pidió permiso para darme la vida, sólo yo decido cuando se me arrebata, y ahora vuela todo lo deprisa que puedas con tu mensaje. Si no he recibido una respuesta satisfactoria antes de las diez de la noche de mañana, me quitaré la vida desobedeciendo los designios de la Reina de la Muerte. Aquí espero con el arma cargada apuntando a mis sienes y la pierna sangrando. No tengo más que decir.&lt;br /&gt;—Voy a hacer lo que me dices, pero recuerda que te maldigo mil veces mil y que no descansaré  ni un momento hasta que vengas a visitarnos. Será un placer ocuparme de ti personalmente.&lt;br /&gt;—Ahórrate el lloriqueo y date prisa o acabamos ahora mismo con el problema. Estaré esperando tus noticias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mañana siguiente&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Aquí estoy de nuevo, mortal.&lt;br /&gt;—Has tardado en exceso, pajarraco, ya me estaba impacientando tu tardanza, ¿qué tienes que decirme?, ¡habla ya!&lt;br /&gt;—Por imposible que parezca, tu petición ha sido aprobada por mi señora...&lt;br /&gt;—¿Qué?, ¿qué?, termina.&lt;br /&gt;—Te ha concedido lo que pides, ateniéndote a las consecuencias que esto te acarreará, pero tu razonamiento no estaba exento de lógica. Puedes vivir cuarenta años más.&lt;br /&gt;—Dame una prueba de que lo que dices es cierto, para que te crea, no me dejaré engañar fácilmente.&lt;br /&gt;—La prueba soy yo.&lt;br /&gt;—¿Tú?, ¿qué clase de garantía  eres tú?&lt;br /&gt;—Mi ama, la Sombra Negra, ha montado en cólera. Ha sido horrible, temblaba el Mundo de las Tinieblas con sus gritos iracundos. Luego, dirigiéndose a mí me ha hablado con estas palabras;&lt;br /&gt;—“Yo te condeno, pájaro negro, a vivir cuarenta años en el otro lado, junto a los mortales, desposeído de todo privilegio hasta que ese humano venga a morar a mis dominios. Carecerás de todo poder, serás tan vulnerable como uno de ellos durante esos años. Vete  a cumplir tu cometido y permanece junto a él. ¡Fuera de mi vista!”.&lt;br /&gt;—¿De manera que…?&lt;br /&gt;—Si, no soy más que un ave vulgar y tan mortal como tú. Eso es lo que has hecho de mí, nunca te lo perdonaré.&lt;br /&gt;—Muy bien, estúpido pájaro, las tornas han cambiado. En éste momento me erijo a mi mismo en tu mensajero de muerte. A ver que te parece esto: Tengo el privilegio y la dicha de comunicarte que te quedan veinte segundos de vida.&lt;br /&gt;—¿Qué dices, insensato?, ¡yo tengo que permanecer estos cuarenta años a tu lado, hasta el momento en que partamos juntos hacia Las Sombras!&lt;br /&gt;—Fin de trayecto para ti, tú te apeas aquí.&lt;br /&gt;La explosión del revolver fue simultánea al revoloteo de las plumas por la habitación. El pájaro quedó volatilizado por el efecto de la bala&lt;br /&gt;“¡Vaya, se la he jugado a la Muerte! Es curioso, justo cuando me iba a suicidar de un disparo, se le ocurre avisarme del fin de mis días. Me ha salvado esta condición mía tan irresistible de llevar siempre la contraria. Basta que alguien decida algo por mí, para que me ponga en guardia. ¡Cuarenta años más de vida, esto es fantástico!, ¡que coincidencia!, no le encontraba sentido a mi vida y ahora resulta que se me ha brindado sin quererlo. ¿Hay mejor motivo para seguir viviendo que burlar a la Muerte?&lt;br /&gt;¡En fin!, vivamos esta nueva etapa plenamente, no siempre se tiene una segunda oportunidad.  En cuanto al plazo que se me ha concedido, ya se me ocurrirá algo dentro de cuarenta años para eludirlo de alguna manera. De momento voy a empezar por arreglarme la pierna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leo no se movió en el tiempo que duró el relato de Fran. Manu no tenía fuerzas para decir nada. Se hizo un espeso silencio, alterado solo por las miles de gotas que se estrellaban en el tejado.&lt;br /&gt;Leo, temeroso, sin levantar la mirada del suelo, hizo una sola pregunta al anciano.&lt;br /&gt;—¿Qué edad tienes abuelo?&lt;br /&gt;—Noventa y cinco— contestó lacónico.&lt;br /&gt;—¡Lo imaginaba!, todo está perdido entonces. Sólo queda esperar el fin, el destino no se puede eludir.&lt;br /&gt;—Yo lo hice una vez, intentadlo vosotros también—. Fran sabía que no serviría de nada.&lt;br /&gt;—Nuestra existencia va unida a la tuya, ahora no hay alternativa— Leo sucumbía ante lo que creía inexorable.&lt;br /&gt;Manu estaba ausente, incapaz de comprender.&lt;br /&gt;De pronto, la enorme puerta de la fábrica se abrió de par en par, un viento helado que penetraba hasta los huesos se coló en el interior. Los tres personajes tiritaron sobrecogidos por la impresión. Fuera, una espesa niebla apenas dejaba entrever la figura de un automóvil con el motor en marcha.&lt;br /&gt;No escuchó nadie como se acercaba. La puerta del conductor se movió lentamente dando paso a un extraño personaje uniformado con un atuendo negro como la noche. Iba tocado con la característica gorra que suelen llevar los chóferes al servicio de  personas relevantes. Luego avanzó hacia los tres hombres, sin prisas, hasta detenerse a pocos metros de ellos. Después, clavó la mirada en Fran sin decir nada. No era necesario, éste sabía perfectamente quien era el visitante y qué quería.&lt;br /&gt;—¿Has venido con tu Señora?— preguntó Fran con seguridad, intentando mantenerse digno.&lt;br /&gt;—Si, está fuera, no la hagas esperar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fran se encaminó hacia la limusina negra sin decir nada más, siguiendo los pasos del hombrecillo con inquietante aspecto de ave. Al traspasar el umbral de la puerta giró la cabeza para echar una última mirada a lo que quedaba de ese mundo que no volvería a ver. ¡No había nada! Leo y Manu se esfumaron, así como el edificio, todo era niebla.&lt;br /&gt;Se abrió la puerta del automóvil para recibir al pasajero y este, sin dudar un instante, se introdujo en él para enfrentarse decidido con su suerte.&lt;br /&gt;Una luz intensísima inundó el interior cuando Fran asomó su cabeza… ¡y allí, fundida con el maravilloso resplandor, le esperaba Mara sonriendo con los brazos extendidos dándole la bienvenida! Él notó como cada poro de su piel era atravesado por aquella divina luz, sintiéndose inundado de felicidad; de una sensación no experimentada nunca hasta ese momento. De nuevo era el joven de veinticinco años que fue en otro tiempo.&lt;br /&gt;Sus cuerpos se entrelazaron en un abrazo frenético. Al contacto de uno con el otro, miríadas de destellos coloreados recorrieron sus almas, transportándolos a su nueva morada en el infinito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EN EL HOSPITAL&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“No hay nada que hacer. Es una lástima, ¡tan joven!, pero no ha podido superar los traumatismos que le produjo el accidente. Ha soportado diez días entre la vida y la muerte en estado de coma, pero era irreversible. No podíamos esperar otra cosa de la forma en que llegó. Su corazón se resistía a dejar de latir, pero estaba clínicamente muerto desde que fue ingresado.”&lt;br /&gt;El Dr. responsable de la Planta de Traumatología, en donde estaba el cuerpo de Fran, se lamentaba de no poder dar buenas noticias a los padres del joven fallecido. La pantalla que registraba los latidos del corazón del paciente daba una lectura plana, todo había terminado. Diez días de vana esperanza.&lt;br /&gt;El doctor, afectado, se dirigió a la enfermera que cuidó de Fran:&lt;br /&gt;—La semana pasada, su esposa y ahora él. ¡En fin! salgamos a comunicarlo a sus padres, es nuestro trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la habitación quedó a solas el cuerpo del muchacho, inerte. Algo parecido a una sonrisa se dibujaba en sus labios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;FIN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7363439391195945660-8446184839284853551?l=relatosdeandres.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://relatosdeandres.blogspot.com/feeds/8446184839284853551/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://relatosdeandres.blogspot.com/2009/08/el-burlador-de-la-muerte.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7363439391195945660/posts/default/8446184839284853551'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7363439391195945660/posts/default/8446184839284853551'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://relatosdeandres.blogspot.com/2009/08/el-burlador-de-la-muerte.html' title='El burlador de la muerte'/><author><name>Anhermart</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06192182634750852465</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/-ouYmkXyBSgs/TiPqQ8GL-TI/AAAAAAAAC6Y/Aw9dDw05dN4/s220/rut%25C3%25A9s-2.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_R0N_G_LfcZo/SnvxqUiyAPI/AAAAAAAAAY4/JiAerz4FC8M/s72-c/fabrica.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
